viernes, 4 de abril de 2025

La cuadrilla de las olas rotas

 Aquí tenemos la nueva novela de Miguel Castro Serantes, publicada por la Asociación Cultural Fuco Buxán.


A continuación, la sinopsis.

 

E información del autor


 

miércoles, 2 de abril de 2025

Mañana será otro día. Capítulo 59: Sin perdón.

 

Sin perdón

Acaba el filme. Suena el tema de Claudia. Ha sido compuesto por el mismísimo Clint. Dios, qué hombre tan emocionante tras esa piel que parece cuero. De repente, la dedicatoria de tan magistral obra. A Don y a Sergio. Con Don Siegel se hizo muy grande, aprendió mucho del oficio. A sus órdenes protagonizó filmes como Harry el sucio o Fuga de Alcatraz. Con Sergio Leone se hizo leyenda. La trilogía del dólar, lo aupó al estrellato y también a la imposibilidad del olvido. Aun así, el western que acabamos de ver muy poco tiene que ver con los excesos del italiano. Ni rastro de la locura, suciedad, luz y color que tenían sus filmes, casi comics, que revolucionaron el género. Bueno, en Sin perdón, también hay porquería, pero es otro tipo de mugre. No hay polvo, tampoco calor. Todo es lluvia, frío y barro. La luz se ha vuelto oscuridad y parece que los temas que trata son mucho más cercanos al crepuscular Peckinpah: La muerte, la amistad y el paso del tiempo. A el loco de Sam le obsesionaban, a Clint Eastwood parece que también, pero de otra manera.

Una prostituta se ha reído de un vaquero al ver el pequeño pene que escondía su entrepierna. Tras la sonrisa, los navajazos. La desfigura. La cara, las tetas, las orejas…Las prostitutas quieren venganza, pues el sheriff del lugar, Little Bill (Gene Hackman), cree que con el pago, por parte de los dos sádicos que cometieron semejante agresión, de un par de caballos al dueño del burdel, todo arreglado. Las chicas hacen bote y ofrecen mil dólares de recompensa por sus cabezas. Así conoceremos al resto de los protagonistas. Bunny (Clint Eastwood) es un antiguo forajido que pasados los sesenta, cuida de sus dos pequeños hijos. Es viudo. Su mujer murió hace apenas dos años de viruela, cuando apenas contaba con veintinueve. Ella lo sacó de la mala vida, de la muerte, del alcohol que acompañaba sus barbaridades. El joven Kid llega a su casa. Le reclama para ir en busca de esa recompensa. Ha oído todo tipo de leyendas de ese tipo que ahora parece un vulgar granjero. Bunny no quiere saber nada de matar a nadie más, pero su limitada situación económica y el hecho de la barbaridad cometida sobre la joven acuchillada, le hacen, de alguna manera, recordar a su mujer. Tiene que ayudarla. Se une a Kid, no sin antes llamar a su antiguo compañero de “aventuras” y asesinatos de juventud, Ned Logan (Morgan Freeman).

Tenemos ya montado nuestro arco actoral protagonista. Qué nivel. Qué maravilla. Clint Eastwood, Morgan Freeman, Gene Hackman…Para. Todavía queda otra estrella para hacer más grande la propuesta. Aparece por el poblado Bob el Inglés, un auténtico fanfarrón con fama de gran asesino. Es Richard Harris quien lo interpreta. Impresionante. El inglés lleva un biógrafo a su nuevo viaje. Va matando chinos, por encargo, a lo largo de los pueblos que une el ferrocarril. Bob le cuenta grandes historias de valentía y proezas. Todo mentiras. El personaje de Harris nos ayuda a desmitificar el viejo oeste. Son todos unos pobres diablos que sobrevivieron, como dice al final de la película el propio Bunny, porque tuvieron suerte. Aquí, la línea entre buenos y malos es bastante difusa. No hay uno que se salve. Gene Hackman, antes de morir, le dice al grandioso Clint: “Nos veremos en el infierno”. Clint le dice que sí.  Pobres diablos. También gracias a Bob el inglés conocemos mejor a Little Bill. Un tipo sin escrúpulos que encontró al otro lado de la ley, una placa que validara su instinto de violencia.

¿Y qué papel tiene Kid (Jaimz Woolvet) en toda la historia? Él aprenderá que matar no es un juego de niños. No es fácil. Marca. Que los cadáveres que Bunny y Logan han dejado por el camino, los persiguen en cada una de sus pesadillas.

Clint Eastwood, como hace siempre, llena sus personajes desde la sencillez. Parecen básicos, pero son universales. No necesitan decir mucho. Con dos o tres frases los entendemos.

Llega el final. Todo lo que antes era lento y pesado estalla, como una tremenda tormenta. El asesinato de Logan a manos de Little Bill, hace que aparezca un Bunny que solo intuíamos en las historias que se cuentan de él. Ya no queda nada de ese casi anciano que a duras penas podía subir a su caballo. Kid ya no quiere ser cómo él. Le tiene miedo. Le pide que por favor no lo mate. ¿Pero cómo lo va a matar si es ya su único amigo?

Bunny va al poblado solo con el propósito de vengar a su amigo. Miento. Lo acompaña, de nuevo, tras diez años sin hacerlo, una botella de whisky. Entra en el prostíbulo donde se reúnen todos los matones junto a Little Bill. Pregunta, como a todos nos encantaría hacer en demasiadas ocasiones, ¿Quién es el dueño de esta pocilga? Se lo escuchas a Clint y vibras. Se lo escuchas a Constantino Romero y también. Todo explota. La bestia hace lo que mejor sabe hacer. Lo hace por justicia, pero sobre todo por Logan. A un amigo no se le olvida. A un amigo no se le da la espalda. A un amigo no se le humilla.

Se cierra la travesía de Bunny y solo nos preguntamos cuándo, en qué ocasión, o en qué compañía, volveremos a ver tremenda película. Emocionados, sabemos que hemos visto algo grande, muy grande.

Gracias Clint por habernos hecho felices en tantas ocasiones. Ya te echamos de menos.