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domingo, 15 de enero de 2023

Adios, Virucha.

 

Estos días se nos marchó Virucha.
"Son unha larpeira”, decía mi abuela, pocas horas antes de morir, mientras degustaba como si fuese un ratoncito, a minúsculos trozos, una gominola italiana. Eran sus favoritas por ser tan jugosas y fáciles de masticar.
Las últimas semanas, en el hospital, me contaba (y a sí misma) que había sido una buena mujer y que no le había hecho mal a nadie. Tenía razón, así había sido.
Se marchó de este mundo en casa de mis padres, con tranquilidad, apagándose, poco a poco, como una cerilla, a muy pocos metros de la casa donde había nacido noventa años antes, tras una vida larga, sencilla y bien vivida.
Al igual que ocurrió con mi abuela Isabel, pude conocer más a Virucha, o cuando menos una parte más tapada de ella, cuando falleció su marido, mi abuelo Andrés, en el año 2015. Cuando sus compañeros nos dejaron, ambos hombres con muchísima personalidad, comenzó a emerger algo en mis abuelas que permanecía tapado, fruto de otros tiempos. Supieron, entonces, ocupar su lugar y ser las matriarcas de sus respectivas familias, título que ahora ostenta mi madre, Maria Consuelo Serantes .


Con Virucha, para mí, se acabaron los abuelos en vida. Una rama del árbol genealógico ha desaparecido. Al fin y al cabo, he tenido mucha suerte. Tengo 43 años y he disfrutado muchísimo con ellos.
Al irse Virucha, se marcha una de las personas que más he querido y, sin duda, que más me ha querido a lo largo de mi vida.
Se quedan aquí todos mis recuerdos con ella. Los infantiles, donde mi abuela, tiempo después de acostarme, en cada una de las noches, de cada uno de los veranos de mi infancia, entraba en la habitación para arroparme cuidadósamente y me daba un beso de buenas noches. Hasta los más recientes, declarándonos, exageradamente y con aires teatrales, nuestro amor mutuo.
Los que sí desaparecen, son los recuerdos que tenía de mí, los que eran solo de ella y que repetía, una y otra vez, cada vez que me veía. Me hablaba de un Miguelito, de quizás tres años de edad, que tras las inocuas amenazas que mi abuela emitía (siempre decía que iba a darme con la zapatilla) , corría por la casa de Lago y en una esquina, con los brazos en jarra, le contestaba: “No me lo puedo creer”. Ese Miguelito se ha marchado con ella.
Otra de las citas que continuamente salía de su boca era un poema que no sabemos, ni sabía, dónde lo había aprendido. Decía así: “Sola estoy, sola nací, sola me parió mi madre y solita me voy a morir…”.
En sus últimos días, mi abuela, no lo dijo ni una sola vez.
Adios, Virucha. Te queremos.


 

domingo, 7 de octubre de 2012

Donando esperanza ( publicado en el Diario de Ferrol el 13 de abril del 2008)

Diez de la mañana. Sentada en una silla de un hospital de Vigo se encuentra Ana. No está escribiendo, ni viendo la televisión. Una máquina trabaja por ella desde hace cuatro años. Día sí, día no. Tiene veinticinco años y la relación con esta extraña compañera ya se hace duradera.
El día es de la más normal, pero algo raro nota en las enfermeras que le atienden(cuchichean demasiado). Cuando hablan con ella, lo hacen con una media sonrisa. Se muestran de lo más intrigante. Ella tan solo espera que acabe la diálisis, pues como de costumbre se encuentra muy cansada.
A poco más de 100 km. Se encuentra Pablo, tiene 15 años y vive en A Coruña. Él, en su habitación recibe la visita de la misma compañera. Mira el reloj con insistencia, quiere acabar para poder estar con sus amigos. El fin de semana pasado no pudo salir con ellos, pues tenía que madrugar para dializarse.
La madre de Pablo no para de dar vueltas por la casa sin decir una palabra.
Ana acaba la diálisis y, en ese preciso momento, observa que su padre se encuentra fuera de la sala. Se le hace extraño a esas horas, debería estar trabajando. Se acerca a ella. Detrás, las enfermeras sonríen ya claramente.
Pablo acaba también. Mientras, su madre sigue dando vueltas. El novio de ella entra en casa.
  • Pero cómo, ¿ no se lo has dicho?
  • No pude, no pude- dice ella.
Él se acerca a Pablo. Le comunica que hay un riñón para él y que la ambulancia viene de camino.
Ana recibe la misma noticia. Ella es charlatana pero no sabe qué decir. Suspira.
Siete de la tarde. Todo preparado. El el hospital, en dos salas paralelas, se encuentran dos equipos médicos dispuestos a comenzar la operación.
Tras ésta, si no se producen complicaciones, Pablo y Ana darán comienzo a otra batalla. Sus cuerpos deben responder ahora al nuevo órgano, pero siempre con la ilusión de una vida mejor para ellos.
El trasplante es, hoy en día, una técnica muy desarrollada que tiene muy buenos resultados para los receptores de órganos. Eso sí, está siempre condicionada por la solidaridad de los donantes. Sin éstos, no hay trasplantes.
España es el país con mayor tasa de donación de todo el mundo. Desde que se realizó el primer trasplante en nuestro país, se llevan realizados más de 53.000 de órganos, y alrededor de 200.000 de tejidos o células.
El proceso comienza al producirse un fallecimiento. Primero se valoran los órganos y tejidos del cuerpo que puedan ser válidos( corazón, pulmones, hígado, páncreas, riñones, piel, córnea, huesos o médula ósea son revisados meticulosamente para decidir si son aptos).
A continuación, la parte más delicada. Se le consulta a la familia del fallecido, pocas horas después de su muerte, sobre la voluntad de éste en relación con la donación. Se formula la pregunta más difícil, en el momento más complicado, pero esa respuesta es clave para otras personas.
Si los allegados dan el visto bueno, se ponen en marcha todos los mecanismos para llevar a cabo la donación, buscando los receptores más adecuados, en una gestión donde pueden llegar a participar más de cien personas.
El proceso acaba en una sala de operaciones como la de Ana y Pablo.
A la hora de recibir un trasplante, todos tenemos el mismo derecho y las mismas posibilidades.
Hace unos años, un anciano, ya cerca de los noventa años, me dijo algo que me hizo reflexionar. Decía que la vida, sin duda, es un paso agradable si no se sufren en ella grandes desgracias. La suya lo había sido, y así pasaba tranquilo sus años de vejez.
Efectivamente, la suerte en la vida no es la misma para todos y, desde luego, hay quien sufre carencias o deficiencias físicas que marcan su trayecto vital. Quienes tienen la gran suerte de tener salud, el pararse un minutos de sus vidas en pensar en quien no la tiene, debería ser un acto lógico y responsable.
Convertir la desgracia del que fallece y la del posible receptor en esperanza, se pude llevar a cabo a partir de una decisión tomada en vida. Esta decisión de futuro va mucho más allá que un bonito “nicho” o un funeral bien arreglado. Es una reflexión encaminada hacia dar vida. Los avances científicos hacen que la fe no sólo sea una cuestión religiosa.
Para donar, como los que tiene la última palabra son los familiares del fallecido, simplemente se debe hablar con ellos para expresarles nuestra decisión y que ellos tomen conciencia de lo que hacer en caso de defunción.
Debemos tener en cuenta que hay una larga lista de espera de persona que confían en la solidaridad de otros, para poder continuar con normalidad sus vidas.
Sin duda, la donación es la única manera de aportar algo positivo a una muerte.

martes, 7 de agosto de 2012

Amigo M. ( Publicado en Razón Socialista n º32)




M. Salió de Sant Louis, Senegal, con una única idea, mejorar las perspectivas de vida que tenía en el lugar que le vio nacer. Su país ve como la pesca,el recurso natural del que dependen miles de familias, se lo adueñan multinacionales foráneas lo cual hace empeorar la vida de los nativos del lugar.
Senegal está inmerso en un continente que sufre las consecuencias de cientos de años de secuestros y esclavitud. Otro de los hechos que aclara el bajo desarrollo de África, fue la cruel colonización tramada en la Conferencia de Berlín (1885) por parte de los estados europeos, los cuales, indecentes, pusieron de excusa para la entrada en el continente, la liberación de focos de esclavitud que ellos mismo habían fomentado, trazando nuevas fronteras donde diferentes nacionalidades, de repente, compartían estado. Hecho sin duda característico de los estados occidentales, liberar los pueblos a costa de ellos.
M llegó a nuestra comarca con los papeles en regla y durante casi un año desempeña un trabajo en la hostelería local, pero la crisis, doble en una comarca inmersa en ella eternamente, le manda al paro y al mantenerse de forma prolongada sin actividad laboral regulada, hace que pierda su tarjeta de residencia.
Esta nueva situación en irregularidad lleva a M a comenzar una nueva vida donde es considerado un "sin papeles".Todo esto desemboca en la vida "del miedo". Miedo a ser perseguido, a ser expulsado, miedo a entrar en un centro de internamiento para extranjeros y el último de los miedos: a ponerse enfermo.
La penúltima de las reformas llevadas a cabo por el Partido Popular nos hace perder nuestra joya más preciada y que, junto a una educación pública, garantizan un mínimo de oportunidades al desarrollo personal, se tenga la condición social que se tenga, la sanidad pública y universal.
Las personas que no tienen en la actualidad la documentación en regla pasan a tener una atención sanitaria mínima, es decir, no pueden acudir a la atención primaria para el seguimiento de una enfermedad, sino que tan sólo pueden acudir a urgencias, previa firma de un documenta que obliga a la persona enferma , en caso de obtener ingresos en el futuro, a abonar la factura.
Por cierto, Urgencias, como denuncia el Foro Gallego de Inmigración, desde hace tiempo pasó a ser uno de los lugares escogidos para la policía donde buscar y detener personas "sin papeles", de la manera más racista posible, mediante la identificación por el color de la piel de las personas.
Tras el batacazo que supone la reforma de la sanidad pública, vivimos en una sociedad de clases tremendamente marcada donde la población inmigrante es la que paga, de manera más abusiva, los platos rotos de un sistema económico/político que juega al monopoli con cifras que no considera como personas.
M no se rinde. Para un ciudadano senegalés tan sólo hay una humillación mayor que la falta de trabajo, pedir limosna y, por ello, se adentra en el mundo de la venta ambulante que, aunque de un margen de beneficios mínimo, le ayuda a sobrevivir.
La desprotección sanitaria a la que se ven abocados ciudadanos como M es antes de nada, anticonstitucional, vulnera los derechos humanos en uno de los apartados más básicos, obliga a los profesionales de la medicina a incumplir los principios básicos de su código de-ontológico: "El médico debe atender con la misma diligencia y solicitud a todos los pacientes, sin discriminación alguna" y , sin duda, viola la condición de iguales de unas personas que, como nosotros mismos, buscan caminos para prosperar y lograr un proyecto vital con mejores condiciones.
Ante un presente tan complicado, mi amigo M, sentencia: "Si supiésemos que Europa era así , no venimos".

 En la actualidad se acaba de formar en Ferrol el Colectivo Sin Papeles Ferrol, destinado a la protección de personas en situación irregular y denunciar abusos de corte xenófobo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Senegal, país cargado de pasado, presente y futuro. ( Publicado en el Diario de Ferrol el Domingo 16 de Octubre del 2011)

Para comenzar, miremos un mapamundi y si es de Peters, mejor. Al sur de Mauritania, al oeste del inmenso Mali y en la costa Atlántica, se encuentra Senegal. Lo primero que llama la atención es que, literalmente,   dentro de él se encuentra un país con la forma de un río: Gambia. Mientras Senegal fue constituido como colonia francesa, Gambia pasó a formar parte del Imperio Británico, también interesado en la zona, debido al fructífero  negocio esclavista que realizaron las potencias europeas durante siglos.
 Debajo de este pequeño país, se encuentra la región, ahora senegalesa, de Casamance,  incorporada por Francia a Senegal, aunque con historia, lengua y cultura diferentes.
Tras habernos orientado geográficamente, comenzaremos nuestro viaje. Dejando atrás Mauritania, montados en un imprescindible todoterreno,  percibimos de inmediato la diferencia de paisaje que se advierte al traspasar la frontera natural que constituye el río Senegal. Nos despedimos  del desierto del Sahara y comenzamos a vivir un paisaje tropical realmente diferente, que nos hace meter de lleno en el África Negra. Desde un primer momento, Senegal y sus habitantes transmiten una frescura y vitalidad difíciles de explicar.
La primera parada, San Luis. Antigua ciudad colonial, era frecuentada hace ahora 80 años por el gran escritor Antoine de Saint Exupery, célebre autor de “El principito”,  que trabajaba como piloto en el transporte aéreo de correo francés, siendo dicha ciudad uno de sus frecuentes destinos. En Senegal, fue donde conoció los majestuosos baobabs, árboles empeñados en destruir el pequeño mundo del Principito con sus enormes raíces.
Las  calles y clima de San Luis  crean la sensación  de estar paseando por las calles de La Habana.
Hay que destacar que, cerca de la ciudad,  se encuentran las reservas naturales de Djoudj y Langue de Barbarie, donde podemos contemplar el espectáculo de animales en libertad: monos, tortugas centenarias, óryx (una especie de antílopes), pelícanos, etc.
Y, ¡lo pequeño que es el mundo...!, pensé yo, cuando, paseando por la ciudad, escuché a un ciudadano del lugar que me preguntaba si era español.
-Sí, le respondí.
 -¿Eres gallego?- preguntó.
 -Pues sí…le respondí -¿Cómo lo sabes?
-No lo sabía; pero es que  yo estuve trabajando en Galicia, en una pequeña ciudad llamada Ferrol...- me  explicó  Ismael, pues era así como se llamaba.
 Cuando le comuniqué que esa era mi ciudad, cogió su teléfono móvil, marcó un número y me puso con Makou, su hermano, el cual habita en nuestra ciudad desde hace casi una decena de años. Mientras conversaba con él, pensaba en la casualidad tan enorme que se había producido: cada uno en la ciudad de origen del otro, a tantos quilómetros de distancia... Pero, eso sí, por muy diferentes motivos.
También fue en esta ciudad donde conocí la trágica historia de los talibés, niños cuyos padres no pueden mantenerlos y, por ello, son puestos bajo la tutela de los baifales, los cuales sirven, a su vez, a un marabú, guía espiritual musulmán. Normalmente el baifal tiene a su cargo entre 10 o 20 pupilos, los cuales acuden a sus clases en la escuela coránica. A parte de su formación religiosa, estos pequeños pasan el día recolectando dinero para el marabú en unas penosas condiciones. El tipo de vida del talibé depende del baifal con el que están. El prestigio y el seguimiento que la sociedad senegalesa muestra hacia los  marabúes, quizás tenga que ver  que de éstos surgió la principal oposición  a la dominación colonial francesa.
Continuamos nuestro viaje. Parada en el lago Rosa, lugar de finalización del tristemente famoso rally París-Dakar, cuya celebración, año tras año, se cobraba varias víctimas por atropello.
En dicho lago, aparte del color rosáceo que le da nombre, llama la atención la densidad de su agua, pues registra 10 veces la cantidad de sal  del mar y, por lo tanto, a pesar de los kilos que se ostenten, no importa,  flotas. En un agua tan salada, no es recomendable permanecer más de 15 minutos; pero, aun así, hay multitud de lugareños que viven de la extracción de sal.
 Cientos de barcas se encuentran todos los días sobre el lago. Los hombres extraen la sal de los fondos marinos y, al llegar a la orilla, las mujeres son las encargadas de su transporte.
 La sensación, cuando se está metido en pleno lago, es ciertamente extraña: incluso nadar constituye una tarea complicada.
Cerca del lago, encontramos el monasterio católico de Keur Moussa. El 10% de la población senegalesa es católica (el resto, musulmana); pero ésta, como en todas las partes del mundo, se ha adaptado a la región y cultura del lugar: los monjes cantan gregoriano en la lengua wolof, la más hablado en Senegal, con instrumentos tradicionales.
Yo, que nunca me he adentrado mucho en el mundo de la fe, reconozco que los cantos escuchados en este monasterio me pusieron los pelos de punta.
Siguiente parada: Dakar, caótica  capital del país. Pegado ella, se encuentra la isla de Goreé, tristemente famosa ya que este enclave, desde el siglo XV al XIX, ha sido uno de los mayores puntos de venta de esclavos del mundo. Una vez producida la venta, en la misma isla eran  encadenados, para ser transportados, en condiciones infrahumanas, a un nuevo mundo donde servirían de mano de obra en los extensos campos americanos.
Se estima que unos diez millones de esclavos llegaron vivos a América a lo largo de estos siglos. La América española introdujo en el nuevo mundo 1.600.000; la América portuguesa, con  3.650.000; América francesa, con 1.600.000;( América inglesa, con 2.100.000 y la América holandesa, con 500.000.
Aparte de estas escalofriantes cifras, habría que reflejar, también, las muertes de habitantes africanos que se dieron en las "cazas" de esclavos. Igualmente, las bajas producidas en los barcos donde se realizaba el transporte hacia América. Debido a las  penosas condiciones, de las aproximadamente cuatrocientas personas que viajaban en cada navío, había un porcentaje de bajas estimado entre el quince o veinte por ciento. Es decir, uno de cada cinco pasajeros moría en la travesía.
Este negocio supuso la perpetuación de un estado de guerra permanente entre los estados negreros africanos para conseguir la hegemonía en el tráfico de esclavos. Por otro lado, hay que  tener en cuenta el considerable retroceso de la población en los países objeto de estos secuestros en masa, principalmente población joven entre 15 y 35 años. Esta regresión demográfica es acompañada de un claro retroceso político y cultural, provocado por este macabro mercado de seres humanos, sin duda, uno de los principales motivos para que se diese la decadencia profunda del África Negra.
De todos modos, en la isla también viví experiencias que me hacen pensar  que el pueblo senegalés ha sabido dar un paso hacia adelante en la superación de tan triste pasado. Alumnos senegaleses de unos 10 años estaban junto a sus profesores visitando el museo de los esclavos, antigua casa de venta de éstos. Los niños, con suma atención, iban respondiendo las preguntas que formulaba el guía. Conocer la propia Historia es siempre  la mejor arma para abordar el presente y futuro.
A la salida de la isla, me preguntaba: ¿Por qué esta parte de la Historia no tiene mayor cabida en los temarios de nuestros centros educativos? Quizás porque África sigue siendo esclava de Occidente y, aunque de manera diferente, se perpetúa como fuente de recursos a precio paupérrimo o, directamente, robados.
Para finalizar este viaje de recuerdos que hago junto a ustedes, me referiré a Popenguine, pequeño pueblo de la Petite Cote senegalesa, zona turística del país. Este precioso lugar me permitió conocer un interesante proyecto iniciado en 1987.  La  comunidad femenina local comenzó una batalla contra la deforestación y degradación que había sufrido la zona. Ciento dieciséis mujeres crearon, de forma voluntaria y espontánea, el RFPPN (Colectivo de Mujeres de Popenguine para la Conservación de la Naturaleza). Teniendo en contra multitud de factores, arriesgando sus reputaciones y plantando cara, en muchos casos, a sus propios maridos, levantaron un proyecto de conservación y regeneración de  su entorno natural.. A su vez, comenzaron  a fomentar un turismo ecológico que les está dando muy  buenos resultados y que ha callado la voz de todos sus detractores. El colectivo de mujeres que se encarga del campamento turístico de Popenguine, es el único de la región que está gestionado únicamente por mujeres y, también, el único negocio de estas dimensiones erigido  por población local, pues el resto de negocios turísticos fueron creados a fuerza de euros.
Allí, en Popenguine, también conocí a Souleyman, joven pastor de la etnia paul, empeñado en viajar a España, para así poder tener oportunidades de avance personal. Con él conocí el teranga senegalés y compartiendo un té, en su humilde casa, habitada por su inmensa familia, me contaba, en un buen español, lo difícil que es progresar en el lugar y que la salida que encuentran muchos jóvenes es el turismo sexual,  realizado por maduras europeas. Él prefería vivir honradamente, con sus limitaciones, a pasar a atender a las viejas blancas, como él las llamaba.
-Miguel- me dijo-, pienso que son cosas de la pobreza.
Yo también pienso que son cosas de la pobreza, Souleyman; y de la injusticia: principalmente, de la injusticia.


domingo, 16 de octubre de 2011

Bitácora de vacaciones. Nuakchot( Mauritania) .Publicado en el Diario de Ferrol en Septiembre del 2011



Cuando me llegó la noticia de que mi hermana María, cooperante internacional, dejaba las Honduras para comenzar una nueva vida en el continente africano, supe, por supuesto, cuál iba a ser mi nuevo destino vacacional. Ante esta certeza, surgieron muchas preguntas sobre este desconocido (para mí  y para tantos) país llamado Mauritania.
Las experiencias que paso a relatar a continuación, deben tomarse como reflexiones de un viajero  mínimamente iniciado en la cultura e historia del lugar. He de reconocer que tras mi visita, dejé el país con muchas más preguntas que respuestas.
 Fundado como colonia francesa a finales del siglo XIX, al igual que el resto de estados africanos, fue un territorio conquistado y repartido, con escuadra y cartabón, por las diferentes potencias  europeas. Tiene unas dimensiones aproximadas al doble de España y está incrustado en el  infierno que es el desierto del  Sáhara, el cual hay que recordar, tiene un tamaño similar a EEUU. Este impresionante arenal tiene sus maravillas pero, desde luego,  también   extremos y peligros. Ha sido habitado, desde hace cientos de años, por diferentes poblaciones nómadas habituadas a estas “imposibles” condiciones. De ello sabe bien el pueblo Saharaui, forzado a su destierro en Tindouf.
En el oeste del desierto,  Mauritania. El ochenta por ciento de su población, hasta hace cincuenta años, eran nómadas. Esta situación ha dado la vuelta y ahora se encuentra la misma proporción en diferentes asentamientos, la mayor parte en la capital, Nuakchot. Este hecho, en mi opinión, marca el presente del país,  en continua construcción, tanto física como culturalmente. Las costumbres, al menos en la ciudad, son las que van incorporando las diferentes etnias y nacionalidades que pueblan el lugar.
 En Mauritania, se distinguen claramente tres etnias(aunque conviven muchas más ): los beidan, blancos de origen árabe-bereber, antigua población nómada, la cual mantiene una estructura económica y cultural ligada al desierto;  los halpulares, población negra ganadera,  históricamente sometida a los beidan, y los haratines, etnia muy singular, cuya población es de raza negra aunque con rasgos faciales árabes .Esto se debe a que, a lo largo de los  siglos, fueron esclavos de los beidan blancos, produciéndose la mezcla. Era habitual que el amo blanco violase a la esclava haratin para así tener más servidumbre y de ahí sus peculiares rasgos físicos. En la actualidad, mantienen una posición social más baja que los árabo-bereberes blancos, aunque con las mismas costumbres y cultura que ellos .Hay que tener en cuenta que en Mauritania, hasta 1981, era legal tener esclavos y hasta 2007 no se penalizó el tenerlos (pues seguía su utilización).
 Vista la variedad de etnias, tan diferentes en cultura y proceso histórico, es obvio que, cuando los europeos realizaron el reparto de África , las fuerzas colonizadoras no se preocuparon  de establecer estados a partir de la zona  habitada por cada etnia( véase como ejemplo la independencia estos últimos tiempos de Sudán del Sur), sino de los propios intereses de cada potencia. Quizás, en mi opinión, el elemento de unión más claro de las diferentes etnias en el país es la religión musulmana.
Sobre la forma de vida de sus habitantes, hay que decir que en un país donde la mayor parte del terreno es desierto, las dificultades para desenvolver la agricultura son evidentes. Solamente el 0.5 por ciento del suelo de Mauritania es aprovechable. Hay que recordar que es un país ubicado en el desierto. El comercio, labor desempeñada por los habitantes de la zona cuando el sedentarismo era mínimo, sigue siendo la fuente de trabajo más importante para los pobladores. En Nuakchot, se encuentran multitud de mercados. En estos, se destinan zonas casi exclusivas para cada oficio o producto: ferreterías, calzado, telas, colchones, bidones, …
 El calor y la gran humedad acompañan en todo momento en la visita. Respecto a las  lluvias, son realmente escasas. Son Agosto y Septiembre los meses que las registran. Se producen de manera torrencial y, desde luego, un  terreno tan árido no está preparado para recibirlas. El hecho de que en la ciudad de Nuakchott, la capital de país, con alrededor de un millón de habitantes, no tenga alcantarillado, imagínense lo que supone. Tan sólo viví una noche de lluvia y los resultados para la ciudad fueron realmente desastrosos. Pequeños lagos que se formaban, aquí y allá, por las calles hacían que moverse sobre ella fuese realmente complicado. Las altas temperaturas (llegan a los 45 grados centígrados en los meses más calurosos), se hacen más llevaderas con una buena jaima. El que esto escribe se llevó una gran sorpresa al ver, y comprobar, como algo similar a una colcha, colocada correctamente, (sin una correcta colocación lo único que produces es un efecto invernadero) hace circular de tal manera el aire, ascendiendo el caliente, que estar bajo ella te depara un agradable frescor. Pura ciencia.
El nivel de vida es realmente bajo, excepto para una pequeña clase emergente. La pobreza, y la miseria, abundan en el país. El analfabetismo, al igual que la desnutrición infantil ronda el 40 por ciento de la población y la tasa de mortalidad infantil en menores de 5 años es del 12 por ciento. Con estos datos, no es raro encontrar a Mauritania en el puesto 136 de 169 del índice de desarrollo humano ( por cierto, que en este índice, el cual muestra la calidad de vida de los habitantes de cada país a partir de diferentes ítems evaluados, Noruega ostenta el primer puesto. Mal anda este planeta si la sociedad que, a priori, disfruta de mejores condiciones de vida, está infectado con fundamentalismos ideológicos ultra-derechistas como los que originaron las matanzas de Oslo y Otoya).
Es realmente triste ver al pueblo mauritano en situación tan precaria cuando en todo el Estado se encuentran recursos impresionantes. La pesca, como bien sabe España, es uno de ellos. 800.000 toneladas de pescado salen anualmente del país con destino Europa. Por supuesto, realizada esta pesca por empresas extranjeras que dejan mínimos beneficios para el país. También es preciso hablar del oro, el petróleo, hierro... Y como digo, pesca;mucha pesca…
 Hablamos de estos recursos para una población de menos de tres millones de personas; es decir, una cifra similar a la población gallega. ¿Estaría en las paupérrimas condiciones actuales si fuesen estos recursos manejados por el Pueblo Mauritano en su propio beneficio? Evidentemente, no. Quizá, el día que tengan la fuerza y la organización suficientes para reclamar lo que les pertenece, el saqueo haya sido de tal magnitud que ya no quede mucho para repartir (¿Cómo sería la actual Bolivia con sus minas de Potosí  íntegras? Y, ¿ qué hará Occidente cuando todos estos recursos se hayan agotado? La respuesta es fácil: irse a otro lugar .
La pesca… Yo, inexperto pescador cuyo único disfrute de este arte transcurrió durante mi niñez, junto a mi abuelo, comprobé lo bien diferente que es ser pescador en la costa gallega o en sus ríos, donde es necesaria una paciencia que algunos no tenemos, en comparación con hacerlo en Mauritania. Es otro concepto. Tal es la abundancia de peces, que volver con el cesto lleno se convierte en lo normal.
Una reflexión. Cuando se viaja a Latinoamérica, a pesar de ver situaciones realmente complicadas, siempre sientes una sensación de esperanza de que las cosas vayan a mejorar. Esto responde a la unión de sus pueblos, a su espíritu de lucha y a su organización. El cambio económico y político que se está dando en casi toda ella lo demuestra. Sin embargo, cuanto más te adentras en la África negra, da la sensación de que sus pobladores parten con mucha desventaja, debido múltiples factores, pero muchos de estos achacables a Occidente: el saqueo sistemático, la esclavitud permanente durante cinco siglos, el sometimiento económico y un largo etcétera. La práctica inexistencia de unión entre las clases trabajadoras no permite vislumbrar, a corto plazo, un verdadero cambio, cuando menos en Mauritania. La política, a golpe de estado.
Ojalá me equivoque y en el  África negra se produzcan movimientos liberadores como los realizados en la presente Primavera Árabe.
Para finalizar, decir que ha sido el viaje de las fotografías nunca sacadas( el ambiente que se vive en el país después de los movimientos de cúpulas de Al Quaeda, incluido el secuestro de dos  españoles, no invita al visitante a andar con mucha ligereza):la infinidad de burros que siguen haciendo el servicio que con tanta energía desempeñaron en España; las cabras comportándose por el centro de Nuakchot cual si fuesen perros; mujeres negras pintadas con maquillaje blanco, portando pelucas lisas y los niños, tantos niños con exactamente la misma sonrisa que la de cualquier otro infante de este planeta.