viernes, 21 de febrero de 2025

Mañana será otro día. Capítulo 56: La caza

 

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La caza (2012)

Conocí a Thomas Vinterberg, danés de 55 años, en el año 98 gracias a Celebración. Muchos jóvenes de aquella época, yo incluido, hambrientos de cine, devorábamos clásicos y alucinábamos al conocer propuestas artísticas como la de David Lynch. Apareció, de repente, el movimiento Dogma 95. Celebración, primer trabajo de Vinterberg, fundador junto a Lars Von Trier del citado movimiento, posee uno de los giros emocionales más fuertes que he visto en el séptimo arte. Nuestra generación quedó marcada por ella para siempre. Otra ronda (2020), su última joya, nos metía un chute de vitalidad impresionante. Nos presentaba a un grupo de cincuentones, con una fuerte crisis existencialista, que abrazan el alcohol como forma de recuperar la chispa perdida. Fue grabada a golpe de corazón, tras la muerte de su joven hija en un accidente. Entre estos peliculones, para mí obras maestras, estrenó La caza (2012), quizás su obra más completa y compleja.
Lucas (Mads Mikkelsen) es maestro en una escuela infantil. Su alumnado le adora, sus compañeras también. Cuarentón, divorciado, está reconstruyendo su vida tras una complicada separación. Comienza a salir con una compañera de trabajo. Se gustan mucho. Su hijo, adolescente, por fin va a vivir con él. Todo comienza a encauzarse. De repente, en un suspiro, el equilibrio se rompe. Ocurre lo peor. Una alumna muy pequeña de la escuela, con un afecto tremendo por Lucas, confundida, hija de su mejor amigo, le cuenta a otra maestra que le ha visto el pene y que este apuntaba hacia el cielo. En realidad, había visto un video porno de su hermano mayor. En la escuela, tras escucharla, la directora ejecuta el protocolo de abusos sexuales. Lo hace mal, muy mal, fatal. El centro se encamina en un ir, sí o sí, hacia adelante, sin dar opción al hecho de que, quizás, no sean ciertas las palabras de la pequeña. Las entrevistas a la niña son pésimas. La guían y ella se pierde entre su mentira y la verdad que le dicen los adultos que ha ocurrido. Un desastre. Se señala a Lucas como culpable, con celeridad, sin reflexión. Lo hacen público incluso antes de llamar a las autoridades. Toda la comunidad comienza a posicionarse. Ejercen de policías, de jueces, de torturadores, sin que haya comenzado un juicio real. De un día para otro, el resto del alumnado también fue abusado por Lucas. Está solo. La niña, ante la presión, se encuentra perdida. No sabe separarse de todas las locuras que ocurren a su alrededor. Por no haber ningún indicio de abuso sexual, por no ser coherentes los relatos, Lucas es puesto en libertad. No importa. El juicio paralelo que se ha dado en su comunidad lo ha perdido y a partir de ahora comenzará lo peor. Será señalado. Para siempre. Deberá convivir eternamente con esa duda que tiene el resto de vecinos sobre él. Lucas, como si se tratase de un venado, ha estado y estará para siempre en el punto de mira de los cazadores.
Vinterberg, hace más de diez años, acertó plenamente en su propuesta, anticipándose a lo que, hoy por hoy, se ha magnificado gracias a las redes sociales. En ellas, una acusación da lugar a una lapidación casi inmediata, antes de que se haya comprobado o no la veracidad de los hechos. Lo más terrible es que, al igual que ocurre en La caza, si se demuestra la inocencia del acusado, siempre quedará la sospecha, la duda sobre él y para muchos seguirá siendo culpable. Terrible. En la época Covid veíamos como vecinos gritaban desde sus ventanas a la gente que veían por las calles. Yo, que tengo perro, en alguna ocasión los padecí. En la visionaria obra de Orwell, 1984, nos encontrábamos una sociedad llena de cámaras para que nada se le escapase al “Gran hermano”. Creo que el autor británico nunca pensó que, quizás, no se necesitasen esas cámaras, que la presión sobre un ciudadano, en muchas ocasiones, no hace falta que venga de arriba, sino que en muchas ocasiones el peligro lo tenemos en nuestros iguales, sean reales, como en La caza, sean virtuales, como lo son en las redes sociales.  

A propósito de la temática de La caza, debo hablar de la lapidación pública a la que se está sometiendo a Karla Sofía Gascón, protagonista de la buena película Emilia Pérez, de la cual ya he realizado crónica en este diario. Todo viene a cuento de unos tweets de la actriz, publicados hace unos años, de carácter racista y clasista. A mí, sus comentarios, no me gustan nada. Aun así, la violencia de los mensajes hacia ella y la imposibilidad de competir por la estatuilla debido a ellos, cuando se supone que lo que se valora es si la actuación merece el premio, me parece una barbaridad, toda fuera de lugar. Lo que dijo, tristemente, se escucha casi a diario, en el mundo real, en la calle…Puede salir de la boca de alguno de nuestros amigos, quizás de nuestros compañeros de trabajo… La ignorancia, que yo sepa, de momento no es un delito. Yo no comparto esas ideas, pero comparto todavía menos la opción de convertirme en juez y verdugo, del señalamiento, de la aplicación popular de una mal llamada justicia donde todo vale. Así, mal vamos.

Para finalizar, remarcar que Vinterberg supo, con La caza, entender su presente y anticiparse, de alguna manera, a lo que venía. Además, nos regaló una de las mejores interpretaciones de, sin duda, uno de los mejores actores vivos que existe, el gran Mad Mikkelsen. Su mirada dice tantas cosas…Sabe convertirse en Lucas, entenderlo y, como gran actor que es, llevarnos de la mano a lo largo de la historia, haciendo que suframos con las desdichas del personaje que interpreta. Un grande.


lunes, 3 de febrero de 2025

Mañana será otro día. Capítulo 55: Canina.

 

Canina (Nightbitch).

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El mundo del Cine ha cambiado con la aparición de las plataformas. Hay mucho contenido, especialmente series, y todas las plataformas pelean por tener su espacio dentro de los hogares. En general, lo consiguen. Se consume mucho material audiovisual y las distribuidoras, en demasiadas ocasiones, lanzan directamente los títulos a streaming, dejándonos a muchas personas, estupefactas, por el hecho de no poder disfrutar de una buena película en el cine. Con Canina, de Marielle Heller, ha ocurrido. Tristemente, Canina, a pesar de su calidad, no ha llegado a nuestros cines y se ha estrenado directamente en la plataforma de Disney.

Canina (Nightbitch) fue una de las gratas sorpresas que encontré en la pasada 57 edición del Festival de Sitges. Allí, fue recibida con disparidad de opiniones. En mi opinión, este hecho, no fue tanto por la calidad de la obra, sino por el alejamiento de los estándares habituales de Sitges, centrados en el fantástico y en el terror. La película que hoy os traigo es una comedia dramática cargada de humor negro. Solamente roza el fantástico debido a la “locura” transitoria que vive la protagonista del film.

Amy Adams da vida a una artista que ha dejado, voluntariamente, su carrera profesional para cuidar a su hijo y hacerse cargo de la casa. En la película no escuchamos su nombre. A lo largo de los 100 minutos que dura, siempre se le llama mamá. Lleva dos años de “crianza perpetua”, muy alejada de quien fue antes de la llegada de su retoño, y el mundo se le está viniendo encima. La directora no pierde el tiempo en presentarnos su situación. En el primer minuto del metraje, en el supermercado, la conocemos gracias a las conversaciones imaginarias que tiene con quien le rodea. En el plano real es pura cortesía y dice lo que el resto espera escuchar. En sus ensoñaciones, de su boca, salen sus auténticas verdades Habla del tiempo que lleva sin dormir y lo que le provoca, de las repetitivas rutinas que tiene con ese hijo “que un día le meará en su cara sin despeinarse”, del descuido corporal al que se ve abocada, a la falta de sexo… Todo lo “vomita” a lo bestia, sin medias tintas. Todos estos pensamientos la hacen sentir culpable, sintiendo además que lo está haciendo todo fatal. A su marido y a quien le rodea les dice lo que la sociedad marca para estas ocasiones: lo bonito y maravilloso que es todo lo relevante a la crianza infantil y todo lo que está disfrutando de ella (a los que son padres, todo esto le sonará, pues seguro que han recibido la presión del “disfrútalo ahora que esto pasa volando”). De repente, un suceso que hará que cambie todo lo que le rodea. De un día para otro, percibirá que se está convirtiendo en una perra. Además, al comenzar a tratar a su hijo como un cachorro canino, parece que todo comienza a colocarse, que todo es más sencillo en su mundo y así, por fin, el mundo real y el de las ensoñaciones comenzarán a unirse y por su boca comenzarán a salir todas sus verdades.

Sorprendente película que, más allá del mundo perruno que comento, que no deja de ser una metáfora de los cambios que están sucediendo en la protagonista, sabe hablar de manera directa a los espectadores. Imposible no entender a la protagonista, no empatizar con ella. LA escuchamos decir: “Pasé de mujer a esposa, luego a madre y ahora a perra. ¿Qué fue de la mujer que había antes en ella? Murió en el parto”. Maravillosas también las relaciones y el descubrimiento que va estableciendo con otras madres que, como ella, también eran otras personas antes de emprender la maternidad.

Marielle Heller trata un tema como este, la dureza de la maternidad/paternidad, con todos sus sacrificios y abandonos de una vida anterior a ella, con mucho respeto y honradez.  A pesar de la crudeza de las palabras de la protagonista (excepcional Amy Adams en todo el trabajo), podemos observar cómo es la evolución por la que toda madre pasa en el momento en el que decide dar continuidad a la especie. Pasar del “yo” al cuidador, acercarse con este paso, de nuevo, a la lejana infancia, a tu madre, intentar comprender este hecho tan animal que supone ofrecer una nueva vida, aprender a sentirse poderosa con el cambio, plasmar la injusticia que supone la soledad de la mujer en la maternidad…son algunos de los asuntos que trata, con acierto, Canina (Nightbitch). Aunque, por momentos, la película muestre pequeños altibajos, producto del intento de mantener el equilibrio entre el drama, el humor y lo fantástico, acaba siendo una película de lo más interesante y original sobre un tema no suficientemente tratado, un tanto políticamente incorrecto, como es la dureza y dedicación que entraña el cuidado de un nuevo ser humano.

Recomiendo mucho el visionado de la película, especialmente para madres, padres o los que pretenden serlo en un futuro cercano. Además, como siempre, la excepcional Amy Adams, la cual también es productora del filme. Ya la habíamos visto sobresalir en obras como Animales nocturnos (2016), Her (2013), o La llegada (2016) y en esta Canina (Nightbitch) vuelve a destacar, siendo la protagonista absoluta del relato; mostrándose a los espectadores como una de las mejores actrices del momento y de su generación. Eso sí, lo siento, pero no podrán verla en los cines españoles.