lunes, 16 de septiembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 35: El 47

 

El 47

Dignidad. Una y otra vez recorre esta palabra por nuestra cabeza mientras asistimos a la preciosa última película de Marcel Barrena, El 47. En la Declaración Universal de los Derechos humanos (1948), en su preámbulo, se declara que la dignidad es intrínseca a todo ser humano y que cada ser humano nace libre e igual en derecho y dignidad. Manolo Vital, lo tiene más que asumido. Inmigrante extremeño que, como tantos, huyó de la miseria de los campos y los señoritos (años 50 y 60) y se marchó hacia la gran ciudad en busca de un futuro mejor; en su caso a Barcelona. En el extrarradio de la ciudad, multitud de extremeños y andaluces, junto a Manolo Vital, levantaron con sus propias manos chabolas que, poco a poco, se fueron convirtiendo en casas. Así nació el barrio de Torre Baró. Barrio construido con sudor, esfuerzo, ilusión y lágrimas.

Nos encontramos ahora en 1978, 20 años después de la construcción del citado barrio. Las condiciones de este han mejorado, pero los vecinos siguen sin escuela, carreteras asfaltadas, médico, transporte público, etc. Son los olvidados; ciudadanos de tercera. Manolo, desde su llegada a Barcelona, es conductor de autobús, de la línea 47 para ser exacto. El movimiento vecinal reclama un autobús para su barrio. El ayuntamiento les dice que es imposible que un autobús pueda subir las cuestas que llevan a este. Nuestro protagonista se empeña en desmontar la mentira, en hacer entender por las buenas o por las malas, que los vecinos de Torre Baró también son de Barcelona y que sus reclamaciones no son “pasatiempos”.  “¿Quién va a querer subir hasta allá arriba?”, le pregunta un funcionario público en determinado momento. “Fácil, los que bajaron por la mañana para ir a trabajar”, responde Manolo.

Marcel Barrena, director de El 47, ya había logrado emocionarme en 100 metros, película de superación protagonizada por Dani Rovira y Karra Elejalde. Ahora, poniendo en escena esta historia de rebeldía de todo un barrio, historia real de las que nunca deben quedar en el olvido, sube enteros y nos entrega un filme emocionante, certero y que huele a verdad. El 47 cuenta su historia con calma, sin artificios. Así, gota a gota, nos va llenando y convenciendo. Cuando llegamos al final del film, el vaso rebosa y esas gotas se transforman en lágrimas.

Una buena puesta en escena, una historia de las que a cualquier hijo o hija de familia trabajadora acaricia el corazón y un reparto magnífico, encabezado por el colosal Eduard Fernández. Qué actor, por favor; para mí, el mejor actor español de la última década. Cada uno de sus papeles los llena, los matiza, los decora de una forma maravillosa. No importa que se encuentre a la orden de Álex de la iglesia (Perfectos desconocidos, 30 monedas), con Alejandro Amenábar (Mientras dure la guerra) o Oriol Paulo (Los renglones torcidos de Dios). Él agarra al personaje y le da la fuerza, el carácter, que solo él sabe regalarles. Sin duda, es uno de sus mejores papeles y su trabajo huele a Goya por todos los lados. A su lado Clara Segura interpretando a Carmen, la mujer de Manolo. Ella era monja, pero conoció a Manolo y abandonó su matrimonio con Dios por juntarse con este pequeño héroe de la clase trabajadora. Esta relación, al conocerla en pantalla, hizo que me acordase de otro “imprescindible”, pero esta vez de Ferrol, nuestra ciudad; el ya fallecido Vicente Couce. Antiguo párroco de Santa Marina (él me bautizó), comprometido al máximo con sus vecinos, con la clase trabajadora, con las libertades, con la Democracia... En el documental 10 de marzo recordaba las palabras que le había dicho su padre en el momento de unirse a la iglesia católica: “Hoxe que te unes a Deus, non te olvides que es o meu fillo, pero máis es fillo da clase obreira”. Él, al igual que el personaje de Carmen, colgó los hábitos por amor. En su caso, por Sabela que, al igual que el personaje de Carmen, fue una profesora vocacional, de las que no necesitan escuelas para ser maestras.

En El 47 también se aborda el choque generacional dentro de las familias del vecindario. La película lo retrata de manera certera y le da, en este sentido, un final de 10. Gallo rojo, gallo negro... Cómo hacer entender a tu hija que no sienta vergüenza por ser de una familia tan humilde. Cómo hacer que hasta se sienta orgullosa del mundo al que pertenece.

El 47 me parece una película tierna, amable, bonita y a la vez con garra, valiente y emocionante. De las que nos muestran esos pequeños héroes que, viniendo desde el más humilde de los mundos, logran unir a sus iguales y les hace entender, como dice Manolo en un momento dado de la película que, en ocasiones, ante las injusticias, “hay que liarla”.  Viendo El 47 pensé en Luna de Avellaneda, del gran Juan José Campanella. Como en ella, la lucha, las injusticias socio políticas se abordan desde el lado más humano. En ambas se nos muestra la necesidad de pelear contra lo injusto, de no ser entes pasivos. De saber apoyarse en nuestros vecinos, en nuestros compañeros…

El 47 reitera que la dignidad, sin duda, no se mide con las monedas que tiene uno en el banco; es otra cosa.

Vayan a verla, merece mucho la pena.


domingo, 8 de septiembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 34: Espartaco

 

Espartaco (1960)

Tenía 8, quizás 9 años. No más. Pasaba la semana santa en casa de mis tíos, junto a primos y demás familia. Era por la tarde, en la sobremesa. Años 80. Época donde la televisión estaba siempre puesta y, en ocasiones, se le prestaba atención. Por aquel entonces, no existía alarma por el tiempo de exposición a pantallas. Solamente había dos tipos de estas. La pantalla de casa, que en tantas ocasiones ejercía de niñera y la de los cines, que ya era otro asunto. Era el extra, la magia.

Los niños y niñas de los 80 tragábamos de todo en la televisión. Los que crecimos junto a ella, lo sabemos. Vimos Robocop, todas las de Bruce Lee y hasta las malas de la Cannon; las parafascistas películas del casi anciano Charles Bronson en la saga “Yo soy la justicia”. Estas últimas las veíamos en el video VHS que teníamos en casa y habían sido alquiladas por nuestros padres. Con ellos las veríamos. Otros tiempos…

Que emitiesen Espartaco en la tele, en Semana Santa, no resultaba extraño. Lo raro, para mi familia, era que yo, tan pequeño, me dispusiese a verla con tanta atención. Así arrancó aquella tarde en familia que todavía recuerdo.

¿Qué es un esclavo?, seguro que pregunté. Quizás me respondieron “los que no tienen nada, hijo mío”. Allí estaba mi nuevo héroe, Espartaco, pasándolas canutas. Le miraban los dientes, como le hacían a los caballos de las ferias a las que iba con mi abuelo. No entendía nada. “La vida media de un gladiador es de cinco a diez años…”, “Veo que no eres tonto, Espartaco, sino inteligente. Eso peligroso para un esclavo”. Me dolían aquellas palabras. Decían que mi nuevo amigo moriría pronto.

El filme, cuando aún no había llegado a la hora de metraje, ofreció el primer gran golpe. Espartaco ya era gladiador. Se enfrentaba a otro, con la especialidad de reciario, nacido en Libia, llamado Draba. Emitían el emblemático “Los que van a morir te saludan”. Espartaco, con su espada, y el gladiador negro, con un tridente y una red, se debatían entre la vida y la muerte. Aun siendo buenos compañeros, debían luchar a muerte para entretenimiento de unos acomodados romanos. “¿Por qué no lo mata? ¡Mátalo imbécil! ¡Mátalo!”  gritaban dos insoportables jovencitas desde sus púlpitos mientras sostenían unas preciosas copas llenas de vino. Ellas habían escogido los combatientes y ahora elegían la muerte de Espartaco. Draba, jadeando, miraba a los ojos de su compañero, mientras el pobre Espartaco tan solo esperaba una muerte que tantas veces se le había acercado. El joven negro sacó su tridente del cuello de Espartaco y poco a poco se fue hacia el centro de la jaula de arena mirando con tensión hacia aquellos amos que nunca lo fueron en su corazón. De repente, Draba, lanzó su tridente contra los malditos romanos, en vez de presionar el cuello de Espartaco. Subía la valla. Iba contra ellos, sabiendo que irremediablemente moriría en el intento. Primera lágrima. Draba prefirió morir antes que seguir el juego a aquellos desalmados.

Pasaban las horas y el ejército de gladiadores disfrutaba de la libertad. Había surgido el amor entre Espartaco y Varinia, la joven esclava que había hechizado a aquel noble hombre desde el momento en que se conocieron. Yo vitoreaba todas las pequeñas victorias que iban ganando aquellas personas que tan solo luchaban por su libertad y la de los suyos. Antonino (Toni Curtis), noble compañero de Espartaco (Kirk Douglas), recitó un precioso poema que, en mi infancia, no pude entender. Había sido escrito por el guionista Dalton Trumbo. Casi le da algo cuando, en la proyección, vio que el poema no estaba íntegro. Él, gracias a esta película, y sobre todo al empeño de la súper estrella Kirk Douglas, pudo salir de la lista negra de Hollywood en la que estaba inscrito, en plena caza de brujas, y figurar en los créditos de la película como guionista. Me emocioné cuando, tras el poema, escuché salir de los labios de mi héroe: “Tú no lucharás, tú recitarás versos”. El apuesto Toni Curtis le respondía que él había venido a luchar, pero Espartaco fue contundente: “Luchar sabe cualquiera…, Antonino, hay tiempo para luchar y tiempo para cantar…Tú, recitarás versos”.

Y llegó la batalla entre el ejército de esclavos y los poderosos romanos y, como siempre, perdimos los buenos. Yo observaba, atónito, los centenares de cuerpos tumbados en el suelo; los compañeros, que ellos decían amigos, de Espartaco. Los supervivientes en la ladera de la colina, sentados, esperaban la resolución dictaminada por aquellos malditos romanos. Les ofrecían vivir, de nuevo, como esclavos, si Espartaco revelaba su identidad. Si no era así, serían todos crucificados. Espartaco dijo a un compañero que ser esclavo no era una vida, que prefería morir a volver a eso. El eterno Kirk Douglas levantó su enorme cuerpo y dijo: “Yo soy Espartaco”, pero no unos pocos, sino todos, se levantaron repitiendo la misma frase: “Yo soy Espartaco”, “Yo soy Espartaco” ...

Yo no podía parar de llorar. Y aún quedaban más lágrimas. La batalla obligada entre Espartaco y Antonino (matar a tu amigo para que no sufra) y la crucifixión de Espartaco. Allí, en una cruz, después de días agonizando, Espartaco pudo ver a su amada escapando junto al hijo de ambos. Aquella era su victoria. Su hijo, cuando menos, sería un hombre libre.

Acabó la película. Aquel día sentí que lo visto no era un simple entretenimiento. Había más. Mi familia no comprendía cómo había podido aguantar, sin pestañear, los 196 minutos de metraje. Aquel día, ya lejano, comencé a amar el cine. Espartaco me cambió. En aquella época no me interesaban las broncas que tuvieron Kubrick y Kirk Douglas durante su grabación. Yo, tras su visionado, solo tenía lágrimas (que durante horas no pudieron ser calmadas por mis padres) y una sola pregunta que todavía hoy me ronda la cabeza: ¿Por qué se muere Espartaco? ¿Por qué se muere Espartaco? ¿Por qué se muere Espartaco?...

lunes, 2 de septiembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 33: Maxxxine

 

Maxxxine

Sin duda, lo de Ti West, tiene mucho mérito. Se ha marcado una trilogía más que notable haciendo algo no muy frecuente en el cine actual, ser siempre original y renunciar al copiado fácil y a la repetición de ideas ya mostradas en los títulos anteriores. Además, él como director, ha subido enteros respecto a sus películas iniciales (La casa del diablo, VHS…) y nos ha demostrado que no solamente se sitúa como referencia en el cine actual de terror, sino que sus conocimientos cinematográficos y su amplísimo conocimiento del séptimo arte lo sitúan con claridad como uno de los directores a seguir en la actualidad. Seguro que nos seguirá dando grandes alegrías como las recibidas en la trilogía X, Pearl y Maxxxine.

En X, la primera cinta de la trilogía, Ti West emulaba el inicio de Centauros del desierto. De la oscuridad surgía el marco de la puerta de un granero de Texas donde habían sucedido brutales asesinatos. Maxine era la única superviviente de la grabación de una película porno (donde ella era la estrella) que acababa en tragedia. El filme tenía sangre a borbotones, una buena historia, y un terror lleno de humor negro. Y Mia Goth. Brutal. Interpretaba a Maxine y a la anciana Pearl. Maravillosa. En Nueva Zelanda, durante la grabación de X, se cerró el país a causa del coronavirus. Ti West, durante el encierro, escribió el guion junto a Mia Goth de una segunda parte donde se explicaba la vida de joven de Pearl. A la par que lo escribía, convencía a los productores de grabar X junto a este guion que estaban creando. Por poco más dinero, tendrían dos películas por una. Las localizaciones eran las mismas y de nuevo Mia Goth la estrella protagonista.

Pearl es mi película favorita de la trilogía. Las tres me gustan mucho, pero el toque de drama terrorífico, con toques de musical que ofrece Pearl me pareció único. Además, Mia Goth se escribía un guion y se trabajaba una interpretación que merecía el Óscar. Si no hubiese sido una película de género, se lo hubiesen dado o, cuando menos, hubiese sido nominada.

Con Maxxxine en nuestros cines (menos mal, pues Pearl nunca llegó a nuestras salas y tuvimos que esperar a las plataformas. Bueno, yo la vi en el Festival de Sitges donde arrasó y causó sensación, llevándose, por cierto, varios premios de los más importantes, incluido el de mejor actriz protagonista) Ti West cierra muy fiel a sí mismo esta trilogía en la que ha dado rienda suelta a todos sus recursos cinematográficos. Ha decidido lo que en la actualidad es el más difícil todavía: no copiar ni repetir fórmulas que han tenido éxito.

“En este negocio hasta que no crean que eres un monstruo, no eres una estrella”. Así reza el lema de Bette Davis que abre Maxxxine. Desde unos certeros años 80, seremos testigos del mundo más oscuro y sucio de Hollywood. Maxine está obsesionada con el estrellato. Ella lo va a conseguir sí o sí. Quiere dejar el mundo del porno; se está haciendo mayor. Acude al casting de la película de terror “La puritana 2” con la idea de que la catapulte al estrellato. En los cinco primeros minutos de película, ella consigue el papel, al igual que Mia Goth nos recuerda que, aunque ya no es Pearl, puede hacer con este papel lo que le dé la gana. Es realmente una actriz maravillosa. Maxine le pregunta a un amigo, dueño de un ochentero videoclub, cuántas estrellas famosas han comenzado haciendo cine de terror. Se cita a Jamie Lee Curtis, a John Travolta y a unas cuantas más. De alguna manera es un chiste. Ti West nos dice que Mia Goth, estrella actual del terror, se convertirá en una gran estrella en los próximos años. Yo también estoy convencido. Maxine, así, será la protagonista de la Puritana 2. Está a un paso de abandonar el sucio mundo en el que sobrevive.  Tiene el trampolín necesario, pero cuando todo parece ir a buen puerto, los problemas aparecen. El acosador nocturno (asesino en serie que existió en la realidad) está dejando un reguero de mujeres jóvenes asesinadas en la ciudad. Un detective privado la intenta sobornar con información sobre su pasado (la masacre de la granja de Texas) que Hollywood no conoce. Si se divulga sería el final de su no iniciada carrera. También, a su alrededor, un ambiente puritano y ultra conservador (era Reagan) azota la sociedad y el mundo del cine. También la persiguen los fantasmas de su increíble pasado… Y ahí estará Maxine, sola ante todo. La directora de “La puritana 2” le comenta a Maxine, mientras pasean por los estudios Universal de Hollywood, plató de grandísimas películas, “lo extraño es que algo se vea tan especial cuando es solo una fachada”. Ahí estamos en la cara oculta del mundo de la fama. Esta directora también dice, cuando se acercan al motel de Norman Bates de Psicosis (las referencias a Hitchcock están muy presentes en toda la película): “Con la Puritana 2 vamos a hacer una película con alma serie b pero toda con material de primera”. Otra broma, pues en este diálogo, escrito por Ti West, el director nos habla en realidad de Maxxxine. Nos destripa sus intenciones de manera encubierta. Ante nosotros está un thriller de serie b ochentero, carne de videoclub, realizado con material de primera, sí. Con Mia Goth, con grandes actores acompañándola como Giancarlo Esposito o Kevin Bacon y con una dirección de, ya, uno de los grandes.

Maxxine se puede disfrutar sin haber visto X o Pearl, pero, sin duda, es preferible haberlas visto con anterioridad. Maxxxine, en su tramo final, no es tan explosivo como en las anteriores películas de la trilogía, pero sin duda el final del personaje protagonista es consecuente con lo que sabemos y conocemos de ella.

Ti West cierra con Maxxxine una interesantísima trilogía. Todas muy diferentes entre sí, pero que cada una de ellas saben a buen, a gran cine.