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lunes, 16 de septiembre de 2024
domingo, 8 de septiembre de 2024
Mañana será otro día. Capítulo 34: Espartaco
Espartaco (1960)
Tenía 8, quizás 9 años. No más. Pasaba la semana santa en casa de mis tíos, junto a primos y demás familia. Era por la tarde, en la sobremesa. Años 80. Época donde la televisión estaba siempre puesta y, en ocasiones, se le prestaba atención. Por aquel entonces, no existía alarma por el tiempo de exposición a pantallas. Solamente había dos tipos de estas. La pantalla de casa, que en tantas ocasiones ejercía de niñera y la de los cines, que ya era otro asunto. Era el extra, la magia.
Los niños y niñas de los 80 tragábamos de todo en la televisión. Los que crecimos junto a ella, lo sabemos. Vimos Robocop, todas las de Bruce Lee y hasta las malas de la Cannon; las parafascistas películas del casi anciano Charles Bronson en la saga “Yo soy la justicia”. Estas últimas las veíamos en el video VHS que teníamos en casa y habían sido alquiladas por nuestros padres. Con ellos las veríamos. Otros tiempos…
Que emitiesen Espartaco en la tele, en Semana Santa, no resultaba extraño. Lo raro, para mi familia, era que yo, tan pequeño, me dispusiese a verla con tanta atención. Así arrancó aquella tarde en familia que todavía recuerdo.
¿Qué es un esclavo?, seguro que pregunté. Quizás me respondieron “los que no tienen nada, hijo mío”. Allí estaba mi nuevo héroe, Espartaco, pasándolas canutas. Le miraban los dientes, como le hacían a los caballos de las ferias a las que iba con mi abuelo. No entendía nada. “La vida media de un gladiador es de cinco a diez años…”, “Veo que no eres tonto, Espartaco, sino inteligente. Eso peligroso para un esclavo”. Me dolían aquellas palabras. Decían que mi nuevo amigo moriría pronto.
El filme, cuando aún no había llegado a la hora de metraje, ofreció el primer gran golpe. Espartaco ya era gladiador. Se enfrentaba a otro, con la especialidad de reciario, nacido en Libia, llamado Draba. Emitían el emblemático “Los que van a morir te saludan”. Espartaco, con su espada, y el gladiador negro, con un tridente y una red, se debatían entre la vida y la muerte. Aun siendo buenos compañeros, debían luchar a muerte para entretenimiento de unos acomodados romanos. “¿Por qué no lo mata? ¡Mátalo imbécil! ¡Mátalo!” gritaban dos insoportables jovencitas desde sus púlpitos mientras sostenían unas preciosas copas llenas de vino. Ellas habían escogido los combatientes y ahora elegían la muerte de Espartaco. Draba, jadeando, miraba a los ojos de su compañero, mientras el pobre Espartaco tan solo esperaba una muerte que tantas veces se le había acercado. El joven negro sacó su tridente del cuello de Espartaco y poco a poco se fue hacia el centro de la jaula de arena mirando con tensión hacia aquellos amos que nunca lo fueron en su corazón. De repente, Draba, lanzó su tridente contra los malditos romanos, en vez de presionar el cuello de Espartaco. Subía la valla. Iba contra ellos, sabiendo que irremediablemente moriría en el intento. Primera lágrima. Draba prefirió morir antes que seguir el juego a aquellos desalmados.
Pasaban las horas y el ejército de gladiadores disfrutaba de la libertad. Había surgido el amor entre Espartaco y Varinia, la joven esclava que había hechizado a aquel noble hombre desde el momento en que se conocieron. Yo vitoreaba todas las pequeñas victorias que iban ganando aquellas personas que tan solo luchaban por su libertad y la de los suyos. Antonino (Toni Curtis), noble compañero de Espartaco (Kirk Douglas), recitó un precioso poema que, en mi infancia, no pude entender. Había sido escrito por el guionista Dalton Trumbo. Casi le da algo cuando, en la proyección, vio que el poema no estaba íntegro. Él, gracias a esta película, y sobre todo al empeño de la súper estrella Kirk Douglas, pudo salir de la lista negra de Hollywood en la que estaba inscrito, en plena caza de brujas, y figurar en los créditos de la película como guionista. Me emocioné cuando, tras el poema, escuché salir de los labios de mi héroe: “Tú no lucharás, tú recitarás versos”. El apuesto Toni Curtis le respondía que él había venido a luchar, pero Espartaco fue contundente: “Luchar sabe cualquiera…, Antonino, hay tiempo para luchar y tiempo para cantar…Tú, recitarás versos”.
Y llegó la batalla entre el ejército de esclavos y los poderosos romanos y, como siempre, perdimos los buenos. Yo observaba, atónito, los centenares de cuerpos tumbados en el suelo; los compañeros, que ellos decían amigos, de Espartaco. Los supervivientes en la ladera de la colina, sentados, esperaban la resolución dictaminada por aquellos malditos romanos. Les ofrecían vivir, de nuevo, como esclavos, si Espartaco revelaba su identidad. Si no era así, serían todos crucificados. Espartaco dijo a un compañero que ser esclavo no era una vida, que prefería morir a volver a eso. El eterno Kirk Douglas levantó su enorme cuerpo y dijo: “Yo soy Espartaco”, pero no unos pocos, sino todos, se levantaron repitiendo la misma frase: “Yo soy Espartaco”, “Yo soy Espartaco” ...
Yo no podía parar de llorar. Y aún quedaban más lágrimas. La batalla obligada entre Espartaco y Antonino (matar a tu amigo para que no sufra) y la crucifixión de Espartaco. Allí, en una cruz, después de días agonizando, Espartaco pudo ver a su amada escapando junto al hijo de ambos. Aquella era su victoria. Su hijo, cuando menos, sería un hombre libre.
Acabó la película. Aquel día sentí que lo visto no era un simple entretenimiento. Había más. Mi familia no comprendía cómo había podido aguantar, sin pestañear, los 196 minutos de metraje. Aquel día, ya lejano, comencé a amar el cine. Espartaco me cambió. En aquella época no me interesaban las broncas que tuvieron Kubrick y Kirk Douglas durante su grabación. Yo, tras su visionado, solo tenía lágrimas (que durante horas no pudieron ser calmadas por mis padres) y una sola pregunta que todavía hoy me ronda la cabeza: ¿Por qué se muere Espartaco? ¿Por qué se muere Espartaco? ¿Por qué se muere Espartaco?...
lunes, 2 de septiembre de 2024
Mañana será otro día. Capítulo 33: Maxxxine
Maxxxine
Sin duda, lo de Ti West, tiene mucho mérito. Se ha marcado una trilogía más que notable haciendo algo no muy frecuente en el cine actual, ser siempre original y renunciar al copiado fácil y a la repetición de ideas ya mostradas en los títulos anteriores. Además, él como director, ha subido enteros respecto a sus películas iniciales (La casa del diablo, VHS…) y nos ha demostrado que no solamente se sitúa como referencia en el cine actual de terror, sino que sus conocimientos cinematográficos y su amplísimo conocimiento del séptimo arte lo sitúan con claridad como uno de los directores a seguir en la actualidad. Seguro que nos seguirá dando grandes alegrías como las recibidas en la trilogía X, Pearl y Maxxxine.
En X, la primera cinta de la trilogía, Ti West emulaba el inicio de Centauros del desierto. De la oscuridad surgía el marco de la puerta de un granero de Texas donde habían sucedido brutales asesinatos. Maxine era la única superviviente de la grabación de una película porno (donde ella era la estrella) que acababa en tragedia. El filme tenía sangre a borbotones, una buena historia, y un terror lleno de humor negro. Y Mia Goth. Brutal. Interpretaba a Maxine y a la anciana Pearl. Maravillosa. En Nueva Zelanda, durante la grabación de X, se cerró el país a causa del coronavirus. Ti West, durante el encierro, escribió el guion junto a Mia Goth de una segunda parte donde se explicaba la vida de joven de Pearl. A la par que lo escribía, convencía a los productores de grabar X junto a este guion que estaban creando. Por poco más dinero, tendrían dos películas por una. Las localizaciones eran las mismas y de nuevo Mia Goth la estrella protagonista.
Pearl es mi película favorita de la trilogía. Las tres me gustan mucho, pero el toque de drama terrorífico, con toques de musical que ofrece Pearl me pareció único. Además, Mia Goth se escribía un guion y se trabajaba una interpretación que merecía el Óscar. Si no hubiese sido una película de género, se lo hubiesen dado o, cuando menos, hubiese sido nominada.
Con Maxxxine en nuestros cines (menos mal, pues Pearl nunca llegó a nuestras salas y tuvimos que esperar a las plataformas. Bueno, yo la vi en el Festival de Sitges donde arrasó y causó sensación, llevándose, por cierto, varios premios de los más importantes, incluido el de mejor actriz protagonista) Ti West cierra muy fiel a sí mismo esta trilogía en la que ha dado rienda suelta a todos sus recursos cinematográficos. Ha decidido lo que en la actualidad es el más difícil todavía: no copiar ni repetir fórmulas que han tenido éxito.
“En este negocio hasta que no crean que eres un monstruo, no eres una estrella”. Así reza el lema de Bette Davis que abre Maxxxine. Desde unos certeros años 80, seremos testigos del mundo más oscuro y sucio de Hollywood. Maxine está obsesionada con el estrellato. Ella lo va a conseguir sí o sí. Quiere dejar el mundo del porno; se está haciendo mayor. Acude al casting de la película de terror “La puritana 2” con la idea de que la catapulte al estrellato. En los cinco primeros minutos de película, ella consigue el papel, al igual que Mia Goth nos recuerda que, aunque ya no es Pearl, puede hacer con este papel lo que le dé la gana. Es realmente una actriz maravillosa. Maxine le pregunta a un amigo, dueño de un ochentero videoclub, cuántas estrellas famosas han comenzado haciendo cine de terror. Se cita a Jamie Lee Curtis, a John Travolta y a unas cuantas más. De alguna manera es un chiste. Ti West nos dice que Mia Goth, estrella actual del terror, se convertirá en una gran estrella en los próximos años. Yo también estoy convencido. Maxine, así, será la protagonista de la Puritana 2. Está a un paso de abandonar el sucio mundo en el que sobrevive. Tiene el trampolín necesario, pero cuando todo parece ir a buen puerto, los problemas aparecen. El acosador nocturno (asesino en serie que existió en la realidad) está dejando un reguero de mujeres jóvenes asesinadas en la ciudad. Un detective privado la intenta sobornar con información sobre su pasado (la masacre de la granja de Texas) que Hollywood no conoce. Si se divulga sería el final de su no iniciada carrera. También, a su alrededor, un ambiente puritano y ultra conservador (era Reagan) azota la sociedad y el mundo del cine. También la persiguen los fantasmas de su increíble pasado… Y ahí estará Maxine, sola ante todo. La directora de “La puritana 2” le comenta a Maxine, mientras pasean por los estudios Universal de Hollywood, plató de grandísimas películas, “lo extraño es que algo se vea tan especial cuando es solo una fachada”. Ahí estamos en la cara oculta del mundo de la fama. Esta directora también dice, cuando se acercan al motel de Norman Bates de Psicosis (las referencias a Hitchcock están muy presentes en toda la película): “Con la Puritana 2 vamos a hacer una película con alma serie b pero toda con material de primera”. Otra broma, pues en este diálogo, escrito por Ti West, el director nos habla en realidad de Maxxxine. Nos destripa sus intenciones de manera encubierta. Ante nosotros está un thriller de serie b ochentero, carne de videoclub, realizado con material de primera, sí. Con Mia Goth, con grandes actores acompañándola como Giancarlo Esposito o Kevin Bacon y con una dirección de, ya, uno de los grandes.
Maxxine se puede disfrutar sin haber visto X o Pearl, pero, sin duda, es preferible haberlas visto con anterioridad. Maxxxine, en su tramo final, no es tan explosivo como en las anteriores películas de la trilogía, pero sin duda el final del personaje protagonista es consecuente con lo que sabemos y conocemos de ella.
Ti West cierra con Maxxxine una interesantísima trilogía. Todas muy diferentes entre sí, pero que cada una de ellas saben a buen, a gran cine.


