domingo, 4 de febrero de 2024

Anuncio comercio local de Ferrol.

 Por el momento este es el anuncio en el que he participado más activamente: la idea, el guion y la voz son míos (bueno, la voz femenina es de mi mujer, Lucía Barros). Realizado junto a Javi, de Explorer 66 y Sara Pisos.

Creo que mostramos un Ferrol realmente bonito.



Anuncio congreso: Apuntando ao mar.

 En este anuncio realizado, como siempre, junto a Javi de Explorer 66, mi aportación es el guion del mismo y su locución. Creo que quedó muy chulo, la verdad.



Anuncio Dieta Ártabra


 En este anuncio aporto el guion la  voz en la locución.

jueves, 1 de febrero de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 2: Los que se quedan.

 

Los que se quedan, la nueva película del director Alexander Payne (Entre copas, A propósito de Smith, Los descendientes, Nebraska…), nos lleva de cabeza a un colegio pijo americano de principios de los años 70 donde imparte clases el extravagante profesor Paul Humann (Paul Giamatti).  

Aunque parezca que nos vamos a encontrar a una especie de Robin Williams en El club de los poetas muertos, nada más lejos de la realidad. Paul es un cascarrabias, un bebedor; vive sumergido en la historia clásica y parece no soportar a su alumnado ni, en realidad, a nadie en este mundo. Lo vemos repartir, con mucha sorna, suspensos al ritmo de La cabalgata de las valquirias. Su existencia parece no ir más allá de ese colegio mayor, en el cual ya había sido alumno. Es bizco, muy bizco y este hecho ha creado una pequeña mitología entre su alumnado y propiciará muchos de los momentos más divertidos de la película. Divertidos sí, porque, aunque la propuesta destila melancolía por todos los lados, tiene momentos que harán que sueltes una buena carcajada.

Paul deberá pasar las vacaciones de Navidad en el campus cuidando de Angus (Dominic Sessa), un alumno rebelde, inadaptado, inestable, expulsado de infinidad de colegios y el cual se nos presenta, también de primeras, casi tan insoportable como su profesor. Tenemos una tercera protagonista, la cocinera del centro que deberá soportar a los dos inesperados compañeros durante las vacaciones. Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph), mujer deprimida, cínica, desencantada de todo, ha perdido recientemente a su hijo en la guerra del Vietnam, único alumno de la escuela que se ha ido a batallar al país asiático. Su hijo, como ella, era negro y pobre.

Estos tres, en un principio, antipáticos protagonistas, con sus actos, con sus conversaciones, con sus gestos, irán sacando, una a una, las capas de la cebolla que se han ido creando, con el paso del tiempo, para poder sobrevivir a sus problemas, a su pasado y a sus inseguridades. Nosotros seremos testigos de ello. Esta imposible relación a tres irá fortaleciéndose según avanza el metraje. Con sutileza, con pequeñas líneas maestras de guion, iremos empatizando con su dolor y deseando que les vaya bien todo el futuro que les espera. Alexander Payne, su director, con estos tres personajes y sus virtudes y defectos, de alguna manera nos acaricia el alma y consigue que nos olvidemos del ruido externo del día a día en sus dos horas de metraje.

El filme también nos sorprende por sus refinadas formas. Como comenté anteriormente, la historia nos traslada a principios de los años 70 pero, lo más curioso, es que está grabada como si fuese una película de los años 70. Desde los títulos de crédito, el granulado, los tipos de planos elegidos, nos dice que estamos allí en una grabación entre las dos primeras partes de El padrino.

El trío protagonista, en estado de gracia. Paul Giamatti merece una mención especial. Hacía apenas unas semanas lo había visto “de paseo”, o quizás debería decir “de factureo”, por la segunda temporada de 30 monedas (HBO) y de repente lo veo aquí, dándolo todo, siendo uno de los mejores “tipos normales” que he visto en el cine. Magnífico. Por cierto, Los que se quedan huele a premios por todos los lados. Él a Óscar.

Según avanzaba en el visionado de Los que se quedan, tuve esa sensación, que no ocurre muy a menudo, de no querer que se acabe. Me encontraba tan a gusto junto a estos nuevos amigos… Necesitaba saber más de todos estos personajes… Y acabó, porque tenía que acabar, pero con qué buen cuerpo regresé a casa...

Alexander Payne lleva tiempo siendo el rey de la comedia amarga. Para mí, esta de la que hablamos y Entre copas, mis favoritas.   Tiene una filmografía llena de títulos que, aunque reflejen la dureza del vivir, las dificultades de las relaciones sociales, el sinsentido de la vida y el peso de nuestro pasado, siempre nos deja abierto el camino a la esperanza. Los protagonistas de sus filmes encuentran opciones a las que agarrarse, caminos a recorrer y aprenden que siempre es mejor enfrentarse a las dificultades acompañados. Si es posible, por seres que, de alguna manera, nos comprendan, nos acepten y nos quieran.

Muy buena película, realmente agradable. Podemos encontrarla tanto en los Cines Dúplex de Ferrol como en los Cines Odeón de Narón.

Por cierto, a la salida del cine, pensando en lo visto, me vino a la cabeza un director al que echo bastante de menos. ¿Qué habrá sido o dónde ha quedado Todd Solonz? Happiness, Palíndromos, Bienvenido a la casa de muñecas…. Sin duda, el rey de finales de los noventa de las comedias dramáticas más ácidas y controvertidas.

martes, 23 de enero de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 1: "Cuando acecha la maldad".

 Aquí os presento la primera referencia cinematográfica del trabajito con el el que os voy a acompañar todos los domingos en el Diario de Ferrol. Espero que os guste. La primera película elegida, Cuando acecha la maldad, es un peliculón no apto para todos los estómagos, eso sí.



" El género de terror no es bienvenido para todo el mundo. Muchas personas detestan estas películas pues sus imágenes les persiguen por las noches, en forma de pesadillas, o incluso durante sus días. Cuando acecha la maldad no es para ellas.

Demián Rugna, director y guionista del film, realiza una película para fans del género. Para los que, aunque en ocasiones tengan que mirar hacia su acompañante para soportar lo que se les viene encima (el cine de terror, sin duda, es para compartir), disfrutan con gusto e, incluso, se relamen los días siguientes a su visionado.

La anterior película de Demián Rugna, Aterrados, aunque mucho más pequeña que de la que hoy hablamos, ya poseía escenas terroríficas filmadas con una garra y tensión dignas de destacar. Ese niño que ha salido de su tumba para ir a tomar cereales a su casa… ¡Qué mal rollo!

La premisa de Cuando acecha la maldad es sencilla pero a su vez, está muy bien hilada. En un pueblo remoto de la Argentina rural, dos hermanos se encuentran con un “embichado”, un poseído que está a punto de dar a luz al mismísimo demonio. Este “embichado”, por cierto, debe ser primo hermano de uno de los emblemáticos muertos de Seven, de David Fincher. Impresionante este poseído e impresionantes todos los efectos prácticos que nos acompañarán durante la película. Los dos hermanos (Ezequiel Rodríguez, pero qué bien lo haces) comienzan así su Odisea personal e intentarán, por todos los medios, deshacerse de este terrorífico ser y lo que lleva dentro.

A lo largo de los 100 minutos que dura la película se van presentando espeluznantes escenas en las que el director y guionista del film no se ha cortado ni un pelo. Prepara a la perfección sus momentos más terroríficos. Cada uno de ellos cocinados a fuego lento. No importa que se vean venir, al espectador siempre le revientan en la cara. Pocas veces hemos visto algo así en pantalla grande. Demián Rugna no tiene reparos ni con cabras, ni con niños, ni con abuelas…Tampoco con perros.

Cuando acecha la maldad ha sido un auténtico fenómeno en Argentina. Más de 200.000 espectadores han pasado ya por los cines de su país para “cagarse de miedo”. Aquí llega con retraso, y algo de puntillas. Ojalá funcione el boca a boca pues, sin duda, con el tiempo estaremos hablando de ella como de una película de culto. De alguna manera, el visionado de esta película me ha recordado a la libertad creativa tan presente en El exorcista (William Friedkin, 1973).

Cuando acecha la maldad fue la gran triunfadora del Festival de Sitges, el mejor festival de cine fantástico y de terror del mundo. Allí, en el octubre pasado, vi la película por primera vez junto a 1600 personas en una enorme sala donde no cabía ni un alfiler. Al finalizar el film, por mucho que este festival se caracterice por los gritos y jaleos de los aficionados, hubo un silencio sepulcral. Salimos de la sala impactados. Sabíamos también que habíamos visto la película que iba a ganar el festival y, sin duda, una de las mejores películas de terror de los últimos años.

Hollywood debe de estar celoso. Difícil encontrar allí trabajos realizados con tanto mimo, con tanta creatividad y, desde luego, con tantas agallas.

Vayan al cine (en Ferrolterra la tenemos en los cines Odeón Narón) y disfruten del miedo. Este debería ser solo para las películas."

 

miércoles, 19 de julio de 2023

La nueva fábrica de lápices. Mañana no es un nuevo día.


Pincha aquí para comprar La nueva fábrica de lápices
 
Tengo la suerte de participar, junto a un estupendo grupo de escritores/as ferrolan@s, en este proyecto llamado "La nueva fábrica de lápices".
Ferrol es el eje, la idea por la que nos movemos en cada uno de los relatos.
Yo aporto, seguramente, el más urbano y decadente de todos. Se llama: "Mañana no es un nuevo día".
 

La Nueva Fábrica de Lápices es la antología, ya disponible en vuestras librerías, que incluye mi relato: "Mañana no es un nuevo día". En él aportamos, l@s  autores/as, diferentes aristas de lo que para nosotr@s es Ferrol.
Yo soy un enamorado de nuestra ciudad. Mis compañeras de trabajo en A Coruña, mis amig@s de fuera, mis vecin@s ferrolan@s, lo saben.
Veo el color, las ventajas, la belleza de nuestra zona, lo peculiar de sus habitantes...pero este amor no me produce ceguera, ni me provoca ausencia de crítica ante lo que veo y vivo.
Digo todo esto porque en el relato que presento en esta obra, hablo de una de las pestes que azotan nuestra comarca desde los años ochenta.
Sin duda, un paisaje que no nos gustaría que existiese, pero que está ahí y tiene sus propias historias.
Para este trabajo, aunque el resto de la obra está genialmente ilustrada por Araceli Paz, a mí me dejaron contar, para mi relato, con una ilustración de mi gran amigo Fernando Ocampo.
Ya son muchos los años de amistad  y muchos, muchísimos, los trabajos que hemos realizado conjuntamente.  A destacar tres radioteatros donde Fer aportó sus ilustraciones y sus actuaciones e infinidad de obras de teatro que realizamos los dos, bajo la dirección de Don José Torregrosa, para los escolares del Colegio Ludy.
Pues eso, que si en LODO (2020, Edicións Imaxinarias), aportaba Víctor G. Novás su talento, en La Nueva Fábrica de Lápices, en mi relato, lo hace otro grande: Fernando Ocampo Montesinos.
Espero que os guste.


domingo, 15 de enero de 2023

Adios, Virucha.

 

Estos días se nos marchó Virucha.
"Son unha larpeira”, decía mi abuela, pocas horas antes de morir, mientras degustaba como si fuese un ratoncito, a minúsculos trozos, una gominola italiana. Eran sus favoritas por ser tan jugosas y fáciles de masticar.
Las últimas semanas, en el hospital, me contaba (y a sí misma) que había sido una buena mujer y que no le había hecho mal a nadie. Tenía razón, así había sido.
Se marchó de este mundo en casa de mis padres, con tranquilidad, apagándose, poco a poco, como una cerilla, a muy pocos metros de la casa donde había nacido noventa años antes, tras una vida larga, sencilla y bien vivida.
Al igual que ocurrió con mi abuela Isabel, pude conocer más a Virucha, o cuando menos una parte más tapada de ella, cuando falleció su marido, mi abuelo Andrés, en el año 2015. Cuando sus compañeros nos dejaron, ambos hombres con muchísima personalidad, comenzó a emerger algo en mis abuelas que permanecía tapado, fruto de otros tiempos. Supieron, entonces, ocupar su lugar y ser las matriarcas de sus respectivas familias, título que ahora ostenta mi madre, Maria Consuelo Serantes .


Con Virucha, para mí, se acabaron los abuelos en vida. Una rama del árbol genealógico ha desaparecido. Al fin y al cabo, he tenido mucha suerte. Tengo 43 años y he disfrutado muchísimo con ellos.
Al irse Virucha, se marcha una de las personas que más he querido y, sin duda, que más me ha querido a lo largo de mi vida.
Se quedan aquí todos mis recuerdos con ella. Los infantiles, donde mi abuela, tiempo después de acostarme, en cada una de las noches, de cada uno de los veranos de mi infancia, entraba en la habitación para arroparme cuidadósamente y me daba un beso de buenas noches. Hasta los más recientes, declarándonos, exageradamente y con aires teatrales, nuestro amor mutuo.
Los que sí desaparecen, son los recuerdos que tenía de mí, los que eran solo de ella y que repetía, una y otra vez, cada vez que me veía. Me hablaba de un Miguelito, de quizás tres años de edad, que tras las inocuas amenazas que mi abuela emitía (siempre decía que iba a darme con la zapatilla) , corría por la casa de Lago y en una esquina, con los brazos en jarra, le contestaba: “No me lo puedo creer”. Ese Miguelito se ha marchado con ella.
Otra de las citas que continuamente salía de su boca era un poema que no sabemos, ni sabía, dónde lo había aprendido. Decía así: “Sola estoy, sola nací, sola me parió mi madre y solita me voy a morir…”.
En sus últimos días, mi abuela, no lo dijo ni una sola vez.
Adios, Virucha. Te queremos.