domingo, 15 de diciembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 48: La guerra de los Rohirrim.

 

Crítica online LA guerra de los Rohirrim

 

El señor de los anillos: La guerra de los Rohirrim

Como si por arte de magia regresásemos al pasado, estas navidades, en nuestras salas, una nueva película de El señor de los anillos. Esta vez, en versión animada. Quítense los prejuicios (si los tienen) en torno a la animación y si les gusta el mundo ideado por el escritor J.R.Tolkien, o las adaptaciones cinematográficas llevadas a la pantalla por el director Neozelandés Peter Jackson, no se pierdan esta muy entretenida película recién estrenada en nuestra cartelera.

Sin duda, en la obra de Tolkien, destacan dos novelas, dos clásicos de la literatura que abrieron ante sus lectores un universo magnánimo, espléndido y casi infinito. Una es El Hobbit, novela tan corta como maravillosa. De esas que coges con 15 años y nunca la olvidas y según te haces mayor, la vuelves a releer y percibes que no era una obra juvenil, sino absolutamente atemporal (como La isla del tesoro o El principito) y lo antes leído, con la nueva madurez, adquiere todavía más valor. La otra obra, la más grande, clásico de la literatura universal, es El señor de los anillos. Recién comenzado el siglo XXI acudí al cine a ver La comunidad del anillo sin haber leído la novela. Entreteniéndome, no me volvió loco. Tampoco el resto de la trilogía cinematográfica. Yo era fan del Peter Jackson más gamberro, el de sus inicios. Aquel que había hecho llegar desde su tan lejano país, hasta nuestros videoclubs, títulos como Mal gusto o Braindead, tu madre se ha comido a mi perro. Hace 15 años, recién estrenada mi treintena, José Torregrosa, gran amigo y antiguo poseedor de esta sección cinematográfica, me regaló la novela completa de El señor de los anillos en un único tomo. Me regaló su ejemplar, el que le había acompañado hasta sus, de aquella, 60 años. Ahí, todo cambió. El verano de 2010 fue uno de los mejores de mi vida gracias a haberme devorado, en apenas un mes, una de las mejores novelas que se han escrito y he leído nunca. Tras su lectura, me gustaron mucho más las películas. Me di cuenta de que Jackson en su adaptación de la trilogía (no en la del Hobbit, para mí horrorosa, absolutamente estirada y en la que apenas se aporta nada a lo visto en ESDLA) había acertado al aligerar la historia, en centrarse en la aventura y el entretenimiento y no pretender el hecho, casi imposible, de mostrar la profundidad, la eterna poesía que contienen las palabras siempre bien enlazadas de Tolkien. Con el director neozelandés vivimos las aventuras, con Tolkien gozamos en cada uno de los parajes de la Tierra media y conocemos la profundidad de cada una de las razas que habitan su creación.

Peter Jackson, conocedor de la necesidad de filmar películas de este universo, para no perder los derechos de la obra a nivel cinematográfico y supongo preocupado por el poco entusiasmo que los fans de este universo están mostrando ante los últimos productos que han salido ( la serie Los anillos del poder), produce La guerra de los Rohirrim, contratando al director de anime Kenji Kamiyama (de la saga Ghost in the Shell) y metiendo en este curioso proyecto a gran parte del equipo que trabajó en sus películas. Lo que se nos cuenta está ambientada casi 200 años antes de que Bilbo Bolsón encontrase el anillo único. Ante nosotros, Hera, hija de Helm, legendario rey de Rohan. Nuestra nueva heroína (inventada para la ocasión, pues su personaje no tenía ni desarrollo ni nombre en el relato original en el que se basa la película) defenderá, junto a su padre y hermanos, su reino de Wulf, antiguo amigo de la infancia, que busca venganza por la muerte de su padre a manos de Helm mano de hierro.

La guerra de los Rohirrim, desde su comienzo, aunque evidentemente nos acerque al anime por el tipo de producción, huele a Tolkien y, todavía más, a Peter Jackson. La historia que se nos cuenta, perteneciente al apéndice A de El señor de los anillos, está centrada en el mundo de los humanos. No tendremos hobbits, ni ents, ni al mágico Tom Bombadil rondando los bosques, pero no importa, pues disfrutamos de una de esas pequeñas grandes aventuras ideadas por el británico. La música de Stephen Gallagher nos lleva, de nuevo, a un lugar donde hemos sido felices. Nos recuerda algo que nos ha hecho sonreír, sin llegar a la maestría de las composiciones para la trilogía original de Howard Shore (qué maravilla). Posee una combinación de animación clásica en dos dimensiones con fondo en tres dimensiones. A mí me gusta. Hera, el personaje principal, nos recuerda, con su independencia, con su libre albedrío, a la protagonista de La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki, sin llegar, tampoco, a la excelencia de la obra maestra que cito. Es un personaje que, sin llegar a ser emblemático, tiene una fuerza y un saber estar que mantienen siempre el interés del espectador. De las dos horas y cuarto que dura la película, creo que sus dos primeros tercios son los mejores. Una vez llegamos a la resolución, la historia pedía un acelerón más, subir una épica que siempre está presente, pero que pedía a gritos una resolución más explosiva. Llegamos al culmen demasiado pronto, en el momento en el que descubrimos por qué Cuernavilla pasó a denominarse El abismo de Helm. Después, su tramo final, con el asedio a los protagonistas al citado lugar, se parece demasiado a algunos de los asedios vividos en anteriores aventuras de la saga, donde al final, siempre vienen “los buenos” al rescate, en el momento donde todo parecía perdido.

La guerra de los Rohirrim es una buena película de entretenimiento donde se demuestra que este universo tiene mucho que ofrecernos en el plano audiovisual y que, por primera vez, lo encontramos en una historia con un principio y un final. No tenemos que esperar continuaciones para conocer su desenlace. Aun siendo lo que se cuenta muy sencillo, tanto como sus personajes, nos sabe acercar a La tierra Media con dignidad, con épica y, por momentos, con emoción. En ella, en ocasiones, nos sentimos como en casa, disfrutando de parajes ya vistos en otros filmes. Para mí, tras la trilogía de El señor de los anillos, la mejor adaptación del universo de Tolkien. Ojalá sigan contándonos, sea en formato animado o en imagen real, historias de la Tierra media con el mismo rigor y gusto que han hecho Kamiyama y Peter Jackson en esta Guerra de los Rahirrim.

 

 

 

 

 

 

lunes, 9 de diciembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 47: La infiltrada.

 

La infiltrada

Acudí esta semana al cine a ver uno de los grandes estrenos de los últimos meses y que me había quedado pendiente.  Por suerte, continúa en cartelera. La infiltrada, dirigida por Arantxa Echevarría (Carmen y Lola, Las chinas, entre otras) es uno de los bombazos de taquilla de este 2024. Más de un millón de espectadores han pasado por nuestras salas desde su estreno (mediados de octubre) y con siete millones de euros, por el momento, de recaudación, se ha convertido en la segunda película española más taquillera del año (imposible competir contra las películas familiares de Santiago Segura). Es una de las 10 películas más vistas en España de todas las nacionalidades. Estos datos no son “moco de pavo”.

La historia que a tantos nos ha cautivado está basada en la historia real de Arantxa Berrrade, pseudónimo utilizado por una agente de policía infiltrada durante 8 años, primero en el entorno etarra y luego, directamente, teniendo contacto con la banda terrorista. Sin duda, gran premisa.

El papel de Arantxa es interpretado por la maravillosa y siempre creíble Carolina Yuste. El año pasado ya me había fascinado en la interpretación de la primera mujer del cómico Eugenio, en la película de David Trueba Saben aquell. Peliculón, por cierto. La había conocido antes, en la también muy notable película de la directora de La infiltrada, Carmen y Lola (2018). Ella es nuestra infiltrada. Una joven que con 20 años abandona toda su vida para dedicarla a la lucha contra ETA. Una vez dentro, deja de existir; ya es otra persona. Debe inventarse una nueva personalidad, establecer nuevos amigos (¿en la mentira existen los amigos?), procurar mantenerse cuerda a lo largo de los años sabiendo que su nueva vida es un no parar de fingir. Carolina Yuste es la gran protagonista de la película. Está omnipresente. Junto a ella, a ráfagas, nuestro Luis Tosar, haciendo de Ángel, el policía que la infiltró. También es muy interesante la relación que establece la joven con dos etarras. Uno es Kepa (Iñigo Gastesi), joven e ingenuo, con el que convive. De alguna manera, tienen más en común de lo que pueda parecer en un principio. Están solos, no tienen familia, viven por y para algo un tanto difuso. El otro etarra, Sergio, está interpretado por Diego Anido, de nuevo fantástico. Es un tipo bruto, un animal. Es tan bestia como su papel en As bestas, donde interpretaba al hermano del sádico Xan (Luis Zahera). ¿Lo recuerdan? Este actor tiene un físico muy peculiar, con una fuerza desgarradora y primigenia que nos impacta en este tipo papeles. Las relaciones entre todos ellos son muy interesantes, pero no perfectas. Da la sensación que la directora, Arantxa Echevarría, todavía podía sacar más de ellas. Aun así, La infiltrada nunca decae ni pierda interés.

La infiltrada es un trepidante thriller. Nos mantenemos pegados a la pantalla en cada uno de los 120 minutos que dura. Induce al espectador una pregunta: ¿Cómo se puede vivir en las condiciones que lo hacen los personajes del filme? La pregunta no solamente nos la hacemos por la policía infiltrada, la cual nos hace pensar mucho en el por qué dedicar tu existencia (que solo tienes una) a algo que te obliga a ser otra persona, sin familia, sin verdaderos amigos, sin tus intereses…También nos planteamos la vida de los dos etarras, absolutamente opuestos, e incluso de los policías que siguen la operación de cerca; siempre ocultos. La tropa de policías secundarios está muy bien, tanto los personajes, como los actores y actrices que les dan vida. Déjenme destacar aquí a Víctor Clavijo que, tras sorprendernos en la notable La espera con un papel protagónico, aquí lo tenemos en un secundario realmente convincente.

La infiltrada demuestra la buena salud del cine español, el cual sabe moverse con soltura en todo tipo de géneros. En el terreno del thriller, en mi opinión, ha dado un impresionante salto de calidad en la última década. Sabemos contar desde aquí lo que es de aquí, sin tener que recurrir a modelos y formas de hacer hollywoodienses.  

Para acabar, hablar también del gran nivel que muestran muchas series españolas. En el mundo de las plataformas, al igual que está ocurriendo en el resto del mundo, directores y directoras, actores y actrices, que antes solo estaban en la gran pantalla, se entremezclan y dan lugar a proyectos realmente interesantes. Se acaban de estrenar dos series a las que debemos prestar mucha atención por venir de quienes vienen. Una es Querer, de Alauda Ruiz de Azúa, directora que nos deslumbró con la película Cinco lobitos (2022). Apúntenla. La otra, es del gran Rodrigo Sorogoyen y se llama Los años nuevos. Rodrigo ha filmado algunas de las mejores películas españolas de los últimos años, como El reino o As bestas. A su vez, ha combinado estos trabajos cinematográficos en el mundo del cine, con series tan notables como Antidisturbios o El apagón. A por ellas.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 46: Marco.

 

Marco

España es un país generador de grandísimos artistas. Cada cierto tiempo, no importa la época en que nos centremos, surgen personas únicas que saben sacar de sus adentros todo su arte, sus inquietudes; arrojan al resto de la sociedad un algo más que los diferencia de cualquiera de nosotros. Nos regalan “la sal de la vida”. Podríamos hablar de pintura, de música, de literatura, de cine… Enric Marco, personaje real que conoceremos en la película que hoy os traigo, no es uno de ellos. Pertenece a otra de las grandes vertientes que ha mostrado este país a lo largo de su historia, la de los “fantasmas”, la de los “carotas”, la de los “sinvergüenzas”. Estos, no teniendo nada que aportar, se inventan un personaje y todo tipo de historias para trepar y trepar en el ámbito en el que encuentren cobijo.

La película Marco, que cuenta la historia de este impostor de tebeo, comienza en el 2005. Ese es el año en el que se descubre su increíble verdad. Mejor dicho, se descubre toda una mentira hilada finamente a lo largo de su vida. Enric Marco Batlle, ese 2005, venía de hablar en el Parlamento español. Si acudimos a las grabaciones de aquel momento, veremos a conocidos ministros y ministras de Zapatero llorar ante las palabras de este señor. Llevaba 30 años siendo una referencia como superviviente de los campos de exterminio de la Alemania nazi. Cientos de charlas en institutos, libros publicados contando su experiencia, reconocimientos…pero todo era una gigantesca farsa. Él nunca había estado preso en un campo de concentración, ni tampoco había sido deportado junto a millares de republicanos. Todo estalla cuando va a tomar la palabra como representante de los deportados en las conmemoraciones de la liberación del Campo de concentración de Mauthausen frente a diferentes autoridades internacionales y al presidente del momento, José Luis Rodríguez Zapatero. Y la verdad apareció y fue una bomba que dejó a toda España anonadada. Enric Marco Batlle (1921-2022) había sido secretario general de la CNT en los años 70. Había contado a sus camaradas, en plena escalada de cargos, lo amigo que había sido, en su momento, de Buenaventura Durruti. En el mundo de los carotas, como ven, no hay ideologías. El psicólogo y doctor en educación Rafa guerrero describiría la actitud, las decisiones, de Enric Marco como la de una persona a la que, de pequeño, sus padres y sus allegados, no le prestaron la suficiente atención y luego, a lo largo de su vida, no ha hecho otra cosa que llamar la atención del resto…a costa de cualquier cosa, incluida la verdad.

Aitor Arregui y Jon Garaño (La trinchera infinita, 2019) nos cuentan la historia de Enric Marco a modo de Thriller. Aunque el filme arranca en el momento en que la verdad sale a la luz, a partir del descubrimiento de la terrible mentira, por parte del historiador Benito Bermejo, los directores no dudan en ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo para contarnos esta historia tan ridícula como peculiar. Los directores tienen la habilidad de infundir una inusitada intensidad, siempre presente, como en un segundo plano, manteniendo el interés del espectador, a pesar de que ya conocemos muchos de los hechos recreados en el film. No importa, saben contarlo y, de alguna manera, a la vez que nos cuentan el teatro en el que está inmerso este peculiar hombre, Marco, nos hacen también una radiografía de país y de este tipo de seres humanos que, generalmente acaban devorados por el personaje que han creado (viendo el filme me venían a la cabeza personajes como Roldán o Errejón).

Hay una pregunta que los directores hacen que nos planteemos a lo largo del visionado, ¿por qué hace algo así? ¿Solo por relevancia? Engañó a todos, también a su familia. En el año 2009 tuve la oportunidad de viajar a Polonia y conocer el Campo de exterminio de Auschwitz. Sin duda, no da lugar a las bromas, tampoco para las mentiras. Por qué hacer algo así, aun a sabiendas del enorme daño que la realidad podría generar a las verdaderas víctimas.

Marco es un notable filme que nos atrapa en cada uno de los 100 minutos de su metraje. Destacar, una vez más, el descomunal trabajo de Eduard Fernández interpretando para la ocasión a este hombre que en el 2005 contaba con 84 años, teniendo Eduard en el momento de su grabación 60. Es más que probable que el actor compita contra sí mismo en la próxima edición de los premios Goya. Recordemos que hace unas pocas semanas ya os hablé de él, y muy bien, por el papel que realizó reviviendo a Manolo Vital en la película El 47. Personalmente me quedo con el papel que hizo en ella, donde un hombre de barrio, con principios, con una dignidad sobresaliente, en vez de engañar para su proyección personal, como hizo Marco, se jugó el pellejo por sus vecinos. Los dos, sin duda, son grandes papeles, pero la humanidad que transmite en El 47 será recordada para siempre. Grande, Eduard Fernández.