domingo, 1 de diciembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 46: Marco.

 

Marco

España es un país generador de grandísimos artistas. Cada cierto tiempo, no importa la época en que nos centremos, surgen personas únicas que saben sacar de sus adentros todo su arte, sus inquietudes; arrojan al resto de la sociedad un algo más que los diferencia de cualquiera de nosotros. Nos regalan “la sal de la vida”. Podríamos hablar de pintura, de música, de literatura, de cine… Enric Marco, personaje real que conoceremos en la película que hoy os traigo, no es uno de ellos. Pertenece a otra de las grandes vertientes que ha mostrado este país a lo largo de su historia, la de los “fantasmas”, la de los “carotas”, la de los “sinvergüenzas”. Estos, no teniendo nada que aportar, se inventan un personaje y todo tipo de historias para trepar y trepar en el ámbito en el que encuentren cobijo.

La película Marco, que cuenta la historia de este impostor de tebeo, comienza en el 2005. Ese es el año en el que se descubre su increíble verdad. Mejor dicho, se descubre toda una mentira hilada finamente a lo largo de su vida. Enric Marco Batlle, ese 2005, venía de hablar en el Parlamento español. Si acudimos a las grabaciones de aquel momento, veremos a conocidos ministros y ministras de Zapatero llorar ante las palabras de este señor. Llevaba 30 años siendo una referencia como superviviente de los campos de exterminio de la Alemania nazi. Cientos de charlas en institutos, libros publicados contando su experiencia, reconocimientos…pero todo era una gigantesca farsa. Él nunca había estado preso en un campo de concentración, ni tampoco había sido deportado junto a millares de republicanos. Todo estalla cuando va a tomar la palabra como representante de los deportados en las conmemoraciones de la liberación del Campo de concentración de Mauthausen frente a diferentes autoridades internacionales y al presidente del momento, José Luis Rodríguez Zapatero. Y la verdad apareció y fue una bomba que dejó a toda España anonadada. Enric Marco Batlle (1921-2022) había sido secretario general de la CNT en los años 70. Había contado a sus camaradas, en plena escalada de cargos, lo amigo que había sido, en su momento, de Buenaventura Durruti. En el mundo de los carotas, como ven, no hay ideologías. El psicólogo y doctor en educación Rafa guerrero describiría la actitud, las decisiones, de Enric Marco como la de una persona a la que, de pequeño, sus padres y sus allegados, no le prestaron la suficiente atención y luego, a lo largo de su vida, no ha hecho otra cosa que llamar la atención del resto…a costa de cualquier cosa, incluida la verdad.

Aitor Arregui y Jon Garaño (La trinchera infinita, 2019) nos cuentan la historia de Enric Marco a modo de Thriller. Aunque el filme arranca en el momento en que la verdad sale a la luz, a partir del descubrimiento de la terrible mentira, por parte del historiador Benito Bermejo, los directores no dudan en ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo para contarnos esta historia tan ridícula como peculiar. Los directores tienen la habilidad de infundir una inusitada intensidad, siempre presente, como en un segundo plano, manteniendo el interés del espectador, a pesar de que ya conocemos muchos de los hechos recreados en el film. No importa, saben contarlo y, de alguna manera, a la vez que nos cuentan el teatro en el que está inmerso este peculiar hombre, Marco, nos hacen también una radiografía de país y de este tipo de seres humanos que, generalmente acaban devorados por el personaje que han creado (viendo el filme me venían a la cabeza personajes como Roldán o Errejón).

Hay una pregunta que los directores hacen que nos planteemos a lo largo del visionado, ¿por qué hace algo así? ¿Solo por relevancia? Engañó a todos, también a su familia. En el año 2009 tuve la oportunidad de viajar a Polonia y conocer el Campo de exterminio de Auschwitz. Sin duda, no da lugar a las bromas, tampoco para las mentiras. Por qué hacer algo así, aun a sabiendas del enorme daño que la realidad podría generar a las verdaderas víctimas.

Marco es un notable filme que nos atrapa en cada uno de los 100 minutos de su metraje. Destacar, una vez más, el descomunal trabajo de Eduard Fernández interpretando para la ocasión a este hombre que en el 2005 contaba con 84 años, teniendo Eduard en el momento de su grabación 60. Es más que probable que el actor compita contra sí mismo en la próxima edición de los premios Goya. Recordemos que hace unas pocas semanas ya os hablé de él, y muy bien, por el papel que realizó reviviendo a Manolo Vital en la película El 47. Personalmente me quedo con el papel que hizo en ella, donde un hombre de barrio, con principios, con una dignidad sobresaliente, en vez de engañar para su proyección personal, como hizo Marco, se jugó el pellejo por sus vecinos. Los dos, sin duda, son grandes papeles, pero la humanidad que transmite en El 47 será recordada para siempre. Grande, Eduard Fernández.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Mañana será otro día: Capítulo 45. Gladiator 2.


 

Gladiator 2

La idea de la segunda parte de una película que ya cuenta con 25 años y en la que sus dos personajes principales murieron en ella, de primeras, me resultaba tan absurdo como curioso. Ya en nuestros cines el resultado de tan curioso proyecto.

La semana pasada hablábamos de la increíble capacidad del gran Clint Eastwood de seguir dirigiendo a los 94 años. Esta semana hablaremos de la producción de otro de los grandes, en este caso octogenario, llamado Ridley Scott. A sus 86 años, el británico, estrena uno de los proyectos de los que se lleva hablando durante décadas. Tras la extensa espera, daba la sensación de que sería imposible de ver en cines la secuela de uno de sus grandes éxitos de taquilla y crítica, Gladiator. El autor de obras eternamente recordadas como Alien, Thelma y Louise o Blade Runner, rodó Gladiator en el año 2000 tras uno de los grandes fiascos de su carrera, La teniente O´Neil. Con Gladiator se acercaba al imperio romano en un momento donde no estaba de moda y nadie sabía qué podría salir de la propuesta. Pero Ridley tenía claro que, en aquel ya lejano año, ya existía una tecnología suficiente para, de una vez por todas, recrear digitalmente la esplendorosa histórica ciudad de Roma y su majestuoso Coliseo. Unidos estos efectos a una gran banda sonora elaborada por Hans Zimmer, un villano terrible interpretado por Joaquin Phoenix y un Russel Crowe que se come la pantalla en cada una de sus escenas, logró reventar las taquillas de todo el mundo y lograr el parabién de la crítica. El final de la película, con la caída “a plomo” del imponente Máximo sobre la arena del Anfiteatro Flavio, tras derrotar y, a su vez, morir a manos de Cómodo, ha quedado grabada para siempre en nuestras retinas y se ha convertido en una de las escenas más recordadas de la historia del cine.

Antes de esta secuela, los últimos años de Ridley Scott han sido, más o menos, como toda su carrera, irregulares. En esta última década nos ha traído desde películas muy notables como The martian o El último duelo, hasta filmes tan flojitos como Alien Covenant o la muy inestable Napoleón. Una vez vista Gladiator 2, parece claro que Ridley ha mostrado un gran interés en esta improbable secuela. Sabía que un cuarto de siglo después de la primera parte, Roma podía lucir incluso mejor. Consigue, gracias a las mejoras tecnológicas, que así sea.  Los combates sobre la arena que nos sorprendieron en su momento, son ahora todavía más bestias y grandiosos. Como ocurre en casi todas las secuelas, recoge lo efectivo de su predecesora y lo hace más grande. Más luchas y menos diálogos. Más sangre y menos profundidad. El director sacrifica la historia por el espectáculo. Scott no duda en acercar esta saga al mundo fantástico; hace su Juego de tronos y no nos lo oculta desde el principio. Si en la primera parte había tigres en el Coliseo, de repente, ante nosotros, monos gigantes hiper anabolizados (que más bien parecen monstruos espaciales) luchando en la arena contra rudos gladiadores. Es cierto que el Coliseo, en su momento de gloria, fue inundado para recrear determinadas luchas navales. Junto al tremendo anfiteatro se ha encontrado un enorme cementerio de animales exóticos que se utilizaban en tales espectáculos. Allí había restos de cocodrilos, elefantes, tigres, jirafas…Era así la forma que encontraban los romanos de dar circo a sus habitantes y enseñar el mundo conquistado a sus conciudadanos. Pero desde luego, lo de poner sobre esta agua una docena de tiburones es de traca. ¿Cómo los habrán llevado hasta Roma? Bueno, hay que tomárselo como hay que tomárselo y punto. Si no se hace así, imposible entrar en la propuesta. Mientras vemos estas “barbaridades” tomamos nuestras palomitas con gusto y, siempre, siempre, nos lo pasamos bien. Disfrutamos la película como niños. No tiene la épica de la primera parte, pero sí espectáculo a raudales, sin ningún tipo de reparo ni vergüenzas.

La sinopsis, a trazo grueso es la misma historia que la primera. Un hombre al que han matado a su familia (Paul Mescal) viaja a Roma, como gladiador, para cobrar su venganza y de alguna manera conseguir que Roma recobre la grandeza de antaño y los ideales de Marco Aurelio. Por cierto, esta es la tercera película que reseño este 2024 en las que se habla del libro Las meditaciones de Marco Aurelio (las otras son Los que se quedan y Cosmópolis). Sin duda, una obra de moda. Los trazos finos la diferencian de la original. Pedro Pascal y Denzel Washington están muy bien, sin rozar en ningún momento el papelón de Russel Crowe en la predecesora. Connie Nielsen, con su papel, de alguna manera, logra empatar las dos historias a pesar de los años pasados.

Me lo pasé bien viendo Gladiator 2. La principal diferencia con la primera, siendo las dos muy buenas películas de entretenimiento, es que la primera la he visto cuando menos cuatro veces a lo largo de los años, tras aquel visionado en el extinto Cine Avenida. Tiene algo. Solamente ese Russel Crowe en estado de gracia ya es un buen motivo para recuperarla. Esta segunda parte, aun disfrutando de sus (excesivas) dos horas y media de metraje, no creo que la vuelva a ver en mi vida. Como en un buen circo hay innumerables acrobacias, pero no tantas como para repetir.

Por cierto, anotar que hay dos series impresionantes para recrearnos en la civilización romana. Una es Yo, Claudio (1976). Impresionante manera de conocer a los más importantes emperadores de Roma y la cantidad ingente de terribles confabulaciones en las que se vieron envueltas. La otra serie es Roma (2005),la cual combina a la perfección el entretenimiento con los entramados históricos.

 

domingo, 17 de noviembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo nº 44: Jurado nº 2

 

Jurado nº2

Asistir a la despedida de uno de los grandes, de los más grandes, era una cita obligada en mi agenda. A sus 94 años, Clint Eastwood, dice adiós al arte al que ha dedicado su vida, tanto como actor, como director. Un autor mayúsculo que ha sabido tratar todo tipo de géneros imprimiéndoles un toque único y propio, siempre cargando los personajes de sus películas de una humanidad, de una honestidad, que solo él sabe plasmar en pantalla.

Es unánime la visión de que su última obra maestra fue Gran Torino. En ella, muy cerca de los 80, nos presentaba también su último gran papel protagonista, Walt Kowalski; una especie de Harry el sucio llegado a viejo. A lo largo de su extensa filmografía podemos encontrar auténticas joyas: El jinete pálido, Sin perdón, Mistic River, Un mundo perfecto, Million Dólar Baby…. Los últimos años ha seguido trayéndonos películas casi al ritmo de Woody Allen. Algunos buenos filmes, como Sully, Mula o Richard Jewell y otros realmente flojos que no parecían propios de él, como 15:17 Tren a París o su anterior película, Cry Macho. En ella suspirábamos al verlo tan mayor, interpretando un personaje que no soportaba sus ya frágiles huesos. Aparte del detalle de su actuación, Cry Macho no pasaba de mal telefilme. No era una digna despedida para el grandísimo Clint Eastwood. Jurado nº 2, por suerte, sí que lo es. Sin duda, aunque pequeña, una buena película.

Justin Kemp (Nicholas Hoult, el seguidor de Inmortan Joe en Mad Max Fury Road) va a ser padre. Cuando su mujer se encuentra a punto de salir de cuentas, es citado para ejercer como jurado. Debe decidir la culpabilidad o no de un hombre acusado del asesinato de su novia. Aun sin ganas, debe de hacerse cargo de la situación e intentar ser justo en la tarea que le ha tocado. Escucha el relato de los hechos. El 25 de octubre del año anterior, la pareja se encontraba en un bar. Tuvieron una discusión y ella se marchó sola. Después, sobr un puente, el presunto asesinato. Justin abre los ojos alucinado. Aquella noche, él también se encontraba en aquel bar. No vio a aquella pareja. Justin Kemp tenía un día muy complicado. Cogió su coche. Llovía mucho. Apenas había luz. Pasó por un puente y percibió que había golpeado algo. Salió y no vio nada. Seguro un ciervo, pensó. Ahora, al escuchar en el juicio el relato de los hechos, una gota de sudor frío pasa por su frente. ¿Pudo haber sido él quien la mató? Comienza el juicio y la verdadera película. ¿Qué hará? ¿Contará la verdad poniendo en peligro su futuro y el de su familia? ¿Sentirá la llamada de la justicia? ¿Buscará una tercera vía? Sin duda, una gran premisa.

Clint Eastwood, con Jurado nº 2, nos presenta un filme judicial con varias líneas temáticas a recorrer durante sus dos horas de duración. Aun siendo una película sencilla, sin grandes vueltas, sin personajes complejos y profundos, la decisión que tomará o no, Justin Kemp, nos persigue durante todo el metraje. Ahí tenemos la intriga, un suave suspense que logra que nos pongamos en el lugar del protagonista. Por otro lado, Clint Eastwood también nos habla de la fragilidad del sistema judicial estadounidense. Basado en un jurado popular, la vida de muchas personas depende del día, de la época que estén pasando esas personas, de sus prejuicios, de su capacidad para no dejarse llevar por la mayoría…En el caso de España, evidentemente no estamos en manos de un jurado y sus circunstancias, pero sí del juez o jueza de turno. La justicia siempre es, de alguna manera, frágil y delicada. Hay una tercera idea que el nonagenario marca en esta, su última, cinta: la moral. Este es un asunto que ha sabido tratar muy bien durante su filmografía y aquí está, de nuevo, encima de la mesa. La moral planea sobre los miembros del jurado, también sobre la fiscal, … Sin duda, hay profesiones, labores, que exigen de una constante atención, de un compromiso que no permite despistes, pues de estas labores depende la vida y el futuro de muchas personas.

Al visionar Jurado nº 2 recordaremos la obra maestra de Sidney Lumet Doce hombres sin piedad (1957). También, el mismo director nos trajo otra joya del mundo de los juicios, llamada Veredicto final (1982), con un impresionante Paul Newman interpretando a un alcohólico abogado frente al juicio de su vida. El pasado año, la directora Justine Triet estrenó Anatomía de una caída, interesantísimo filme donde se pone a los espectadores en la tesitura de decidir si lo que se juzga ha sido un asesinato o un accidente.

Clint Eastwood se despide del cine, de su mundo, con una humilde pero notable película. Rodeado de fantásticos actores y actrices, con un buen guion, nos dice adiós uno de los grandes autores tanto del siglo XX como del XXI; un gigante. Quedará en nuestro recuerdo un actor con gesto imperturbable, con una mirada de las que dicen tantas cosas… y un director con una profunda humanidad y con una peculiar visión de la sociedad americana y del ser humano. Único. Gracias por tanto, Clint.