lunes, 25 de noviembre de 2024

Mañana será otro día: Capítulo 45. Gladiator 2.


 

Gladiator 2

La idea de la segunda parte de una película que ya cuenta con 25 años y en la que sus dos personajes principales murieron en ella, de primeras, me resultaba tan absurdo como curioso. Ya en nuestros cines el resultado de tan curioso proyecto.

La semana pasada hablábamos de la increíble capacidad del gran Clint Eastwood de seguir dirigiendo a los 94 años. Esta semana hablaremos de la producción de otro de los grandes, en este caso octogenario, llamado Ridley Scott. A sus 86 años, el británico, estrena uno de los proyectos de los que se lleva hablando durante décadas. Tras la extensa espera, daba la sensación de que sería imposible de ver en cines la secuela de uno de sus grandes éxitos de taquilla y crítica, Gladiator. El autor de obras eternamente recordadas como Alien, Thelma y Louise o Blade Runner, rodó Gladiator en el año 2000 tras uno de los grandes fiascos de su carrera, La teniente O´Neil. Con Gladiator se acercaba al imperio romano en un momento donde no estaba de moda y nadie sabía qué podría salir de la propuesta. Pero Ridley tenía claro que, en aquel ya lejano año, ya existía una tecnología suficiente para, de una vez por todas, recrear digitalmente la esplendorosa histórica ciudad de Roma y su majestuoso Coliseo. Unidos estos efectos a una gran banda sonora elaborada por Hans Zimmer, un villano terrible interpretado por Joaquin Phoenix y un Russel Crowe que se come la pantalla en cada una de sus escenas, logró reventar las taquillas de todo el mundo y lograr el parabién de la crítica. El final de la película, con la caída “a plomo” del imponente Máximo sobre la arena del Anfiteatro Flavio, tras derrotar y, a su vez, morir a manos de Cómodo, ha quedado grabada para siempre en nuestras retinas y se ha convertido en una de las escenas más recordadas de la historia del cine.

Antes de esta secuela, los últimos años de Ridley Scott han sido, más o menos, como toda su carrera, irregulares. En esta última década nos ha traído desde películas muy notables como The martian o El último duelo, hasta filmes tan flojitos como Alien Covenant o la muy inestable Napoleón. Una vez vista Gladiator 2, parece claro que Ridley ha mostrado un gran interés en esta improbable secuela. Sabía que un cuarto de siglo después de la primera parte, Roma podía lucir incluso mejor. Consigue, gracias a las mejoras tecnológicas, que así sea.  Los combates sobre la arena que nos sorprendieron en su momento, son ahora todavía más bestias y grandiosos. Como ocurre en casi todas las secuelas, recoge lo efectivo de su predecesora y lo hace más grande. Más luchas y menos diálogos. Más sangre y menos profundidad. El director sacrifica la historia por el espectáculo. Scott no duda en acercar esta saga al mundo fantástico; hace su Juego de tronos y no nos lo oculta desde el principio. Si en la primera parte había tigres en el Coliseo, de repente, ante nosotros, monos gigantes hiper anabolizados (que más bien parecen monstruos espaciales) luchando en la arena contra rudos gladiadores. Es cierto que el Coliseo, en su momento de gloria, fue inundado para recrear determinadas luchas navales. Junto al tremendo anfiteatro se ha encontrado un enorme cementerio de animales exóticos que se utilizaban en tales espectáculos. Allí había restos de cocodrilos, elefantes, tigres, jirafas…Era así la forma que encontraban los romanos de dar circo a sus habitantes y enseñar el mundo conquistado a sus conciudadanos. Pero desde luego, lo de poner sobre esta agua una docena de tiburones es de traca. ¿Cómo los habrán llevado hasta Roma? Bueno, hay que tomárselo como hay que tomárselo y punto. Si no se hace así, imposible entrar en la propuesta. Mientras vemos estas “barbaridades” tomamos nuestras palomitas con gusto y, siempre, siempre, nos lo pasamos bien. Disfrutamos la película como niños. No tiene la épica de la primera parte, pero sí espectáculo a raudales, sin ningún tipo de reparo ni vergüenzas.

La sinopsis, a trazo grueso es la misma historia que la primera. Un hombre al que han matado a su familia (Paul Mescal) viaja a Roma, como gladiador, para cobrar su venganza y de alguna manera conseguir que Roma recobre la grandeza de antaño y los ideales de Marco Aurelio. Por cierto, esta es la tercera película que reseño este 2024 en las que se habla del libro Las meditaciones de Marco Aurelio (las otras son Los que se quedan y Cosmópolis). Sin duda, una obra de moda. Los trazos finos la diferencian de la original. Pedro Pascal y Denzel Washington están muy bien, sin rozar en ningún momento el papelón de Russel Crowe en la predecesora. Connie Nielsen, con su papel, de alguna manera, logra empatar las dos historias a pesar de los años pasados.

Me lo pasé bien viendo Gladiator 2. La principal diferencia con la primera, siendo las dos muy buenas películas de entretenimiento, es que la primera la he visto cuando menos cuatro veces a lo largo de los años, tras aquel visionado en el extinto Cine Avenida. Tiene algo. Solamente ese Russel Crowe en estado de gracia ya es un buen motivo para recuperarla. Esta segunda parte, aun disfrutando de sus (excesivas) dos horas y media de metraje, no creo que la vuelva a ver en mi vida. Como en un buen circo hay innumerables acrobacias, pero no tantas como para repetir.

Por cierto, anotar que hay dos series impresionantes para recrearnos en la civilización romana. Una es Yo, Claudio (1976). Impresionante manera de conocer a los más importantes emperadores de Roma y la cantidad ingente de terribles confabulaciones en las que se vieron envueltas. La otra serie es Roma (2005),la cual combina a la perfección el entretenimiento con los entramados históricos.

 

domingo, 17 de noviembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo nº 44: Jurado nº 2

 

Jurado nº2

Asistir a la despedida de uno de los grandes, de los más grandes, era una cita obligada en mi agenda. A sus 94 años, Clint Eastwood, dice adiós al arte al que ha dedicado su vida, tanto como actor, como director. Un autor mayúsculo que ha sabido tratar todo tipo de géneros imprimiéndoles un toque único y propio, siempre cargando los personajes de sus películas de una humanidad, de una honestidad, que solo él sabe plasmar en pantalla.

Es unánime la visión de que su última obra maestra fue Gran Torino. En ella, muy cerca de los 80, nos presentaba también su último gran papel protagonista, Walt Kowalski; una especie de Harry el sucio llegado a viejo. A lo largo de su extensa filmografía podemos encontrar auténticas joyas: El jinete pálido, Sin perdón, Mistic River, Un mundo perfecto, Million Dólar Baby…. Los últimos años ha seguido trayéndonos películas casi al ritmo de Woody Allen. Algunos buenos filmes, como Sully, Mula o Richard Jewell y otros realmente flojos que no parecían propios de él, como 15:17 Tren a París o su anterior película, Cry Macho. En ella suspirábamos al verlo tan mayor, interpretando un personaje que no soportaba sus ya frágiles huesos. Aparte del detalle de su actuación, Cry Macho no pasaba de mal telefilme. No era una digna despedida para el grandísimo Clint Eastwood. Jurado nº 2, por suerte, sí que lo es. Sin duda, aunque pequeña, una buena película.

Justin Kemp (Nicholas Hoult, el seguidor de Inmortan Joe en Mad Max Fury Road) va a ser padre. Cuando su mujer se encuentra a punto de salir de cuentas, es citado para ejercer como jurado. Debe decidir la culpabilidad o no de un hombre acusado del asesinato de su novia. Aun sin ganas, debe de hacerse cargo de la situación e intentar ser justo en la tarea que le ha tocado. Escucha el relato de los hechos. El 25 de octubre del año anterior, la pareja se encontraba en un bar. Tuvieron una discusión y ella se marchó sola. Después, sobr un puente, el presunto asesinato. Justin abre los ojos alucinado. Aquella noche, él también se encontraba en aquel bar. No vio a aquella pareja. Justin Kemp tenía un día muy complicado. Cogió su coche. Llovía mucho. Apenas había luz. Pasó por un puente y percibió que había golpeado algo. Salió y no vio nada. Seguro un ciervo, pensó. Ahora, al escuchar en el juicio el relato de los hechos, una gota de sudor frío pasa por su frente. ¿Pudo haber sido él quien la mató? Comienza el juicio y la verdadera película. ¿Qué hará? ¿Contará la verdad poniendo en peligro su futuro y el de su familia? ¿Sentirá la llamada de la justicia? ¿Buscará una tercera vía? Sin duda, una gran premisa.

Clint Eastwood, con Jurado nº 2, nos presenta un filme judicial con varias líneas temáticas a recorrer durante sus dos horas de duración. Aun siendo una película sencilla, sin grandes vueltas, sin personajes complejos y profundos, la decisión que tomará o no, Justin Kemp, nos persigue durante todo el metraje. Ahí tenemos la intriga, un suave suspense que logra que nos pongamos en el lugar del protagonista. Por otro lado, Clint Eastwood también nos habla de la fragilidad del sistema judicial estadounidense. Basado en un jurado popular, la vida de muchas personas depende del día, de la época que estén pasando esas personas, de sus prejuicios, de su capacidad para no dejarse llevar por la mayoría…En el caso de España, evidentemente no estamos en manos de un jurado y sus circunstancias, pero sí del juez o jueza de turno. La justicia siempre es, de alguna manera, frágil y delicada. Hay una tercera idea que el nonagenario marca en esta, su última, cinta: la moral. Este es un asunto que ha sabido tratar muy bien durante su filmografía y aquí está, de nuevo, encima de la mesa. La moral planea sobre los miembros del jurado, también sobre la fiscal, … Sin duda, hay profesiones, labores, que exigen de una constante atención, de un compromiso que no permite despistes, pues de estas labores depende la vida y el futuro de muchas personas.

Al visionar Jurado nº 2 recordaremos la obra maestra de Sidney Lumet Doce hombres sin piedad (1957). También, el mismo director nos trajo otra joya del mundo de los juicios, llamada Veredicto final (1982), con un impresionante Paul Newman interpretando a un alcohólico abogado frente al juicio de su vida. El pasado año, la directora Justine Triet estrenó Anatomía de una caída, interesantísimo filme donde se pone a los espectadores en la tesitura de decidir si lo que se juzga ha sido un asesinato o un accidente.

Clint Eastwood se despide del cine, de su mundo, con una humilde pero notable película. Rodeado de fantásticos actores y actrices, con un buen guion, nos dice adiós uno de los grandes autores tanto del siglo XX como del XXI; un gigante. Quedará en nuestro recuerdo un actor con gesto imperturbable, con una mirada de las que dicen tantas cosas… y un director con una profunda humanidad y con una peculiar visión de la sociedad americana y del ser humano. Único. Gracias por tanto, Clint.

 

 

domingo, 10 de noviembre de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 43: Richard Stanley en La isla del Dr Moreau.

 



Richard Stanley en la isla del doctor Moreau

Del 25 de octubre al 2 de noviembre, en Vilagarcía de Arousa, los aficionados al cine tuvimos la ocasión de asistir a la 52 edición del Festival do imaxinario, Curtas Film Fest, el festival de cine más antiguo de Galicia. Durante esta semana hubo multitud de proyecciones, conferencias y actividades paralelas relacionadas con el mundo del cine. La edición de este 2024 estuvo dedicada a la figura de Batman y a H.P. Lovecraft. En lo referente al hombre murciélago, disfrutamos, en una cuidada exposición, del vestuario de películas y figuras a tamaño real de la saga. En la Plaza de Galicia de Vilagarcía también nos esperaba el famoso Batmovil del Batman de Tim Burton (1989). Para tratar a Lovecraft, el 1 de noviembre, acudió al certamen Richard Stanley, director de cine sudafricano que, además de experto en la citada materia, cuenta en su haber el haber iniciado un proyecto que desembocaría en una de las historias más increíbles del séptimo arte. En la epopeya que tuvo lugar en la producción y grabación de La isla del doctor Moreau (1996) estuvo acompañado por dos grandes estrellas del celuloide como son Marlon Brando y Val Kilmer. Tras dar la conferencia, abierta al público, pude entrevistarme con él, en exclusiva para el Diario de Ferrol, para repasar aquel rodaje que, sin duda, cambió su vida. A continuación, voy a relatar los increíbles acontecimientos de los que él fue protagonista. El documental Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau, cuenta la historia completa, aunque Richard me matiza “Lost Soul es una obra divertida, de entretenimiento… la realidad fue mucho más oscura. Estoy escribiendo ahora mismo una biografía donde cuento todo al detalle, excepto asuntos relacionados con Val Kilmer. Él está vivo y no tengo libertad para contarlo todo.”

Richard Stanley (Sudáfrica, 1966) es descendiente del explorador británico que se aventuró en África y pronunció la archiconocida pregunta: ¿Doctor Livingstone, supongo? Se inició muy joven en el cine, grabando dos pequeñas películas que llamaron la atención en el mundo del fantástico: Hardware, programado para matar (1990) y El demonio del desierto (1992). “Yo, de niño, bebí mucho del Spaghetti Western. Terence Hill y Bud Spencer eran ídolos en mi país. No fue hasta 1994, al ir a vivir a Europa, cuando conozco autores de la talla de Kurosawa o de Tarkovsky. Ahí cambian muchas cosas”. Tras estos filmes se obsesiona con la idea de realizar La isla del doctor Moreau de H.G. Wells. “A la hora de adaptar un clásico, es necesario plasmar lo esencial del espíritu de la obra y recrear sus escenas más importantes. En Color out of space (2019), pude mantener, incluso, partes del texto original de Lovecraft”.

Mediados de los 90. Richard comienza a mover en Hollywood un guion, realizado por él, de La isla del doctor Moreau, adjuntando un storyboard con diferentes ideas para el metraje. Hay interés y se consiguen los derechos de la obra. El proyecto va adelante y Stanley ya tiene la localización para la grabación. Se irán a una isla australiana que se presupone ideal para tal proyecto. De repente, este pequeño/mediano proyecto sufre un giro de 180 grados cuando los productores incorporan a Marlon Brando. Eran mediados de los 90 y esta inmensa figura del séptimo arte se paseaba por las películas agarrando cheque tras cheque, sin pretender mucho más. En estos proyectos, apenas aportaba su (perenne y enorme) presencia. Los productores, al contar con un actor de su talla y al aumentar considerablemente el presupuesto de la película (pasó de 30 a 70 millones de dólares de la época) dudaron de Richard Stanley para su dirección y tantearon a Roman Polanski. Richard, entonces, se reúne con Marlon Brando y este lo apoya de principio a fin. Sin Stanley no habría película. “De Marlon Brando se ha hablado mucho, pero era un buen tipo. Siempre amable. Lo de que no se leía los guiones, pues bueno, mi experiencia en el cine es que casi ninguna estrella se los lee al completo a la hora de elegir proyecto”. Continúa entonces la epopeya con Brando como estrella. El actor que lo iba a acompañar en la película era Bruce Willis. El asunto es que, en ese momento, Bruce se separa de Demi Moore y no va a poder acudir al rodaje. A Richard se le ocurre ponerse en contacto con la gran estrella del momento, que no era otro que Val Kilmer. Venía de rodar The Doors, Heat e incluso de ser Batman. Gran error. “Ya en la isla, preparados para grabar, me doy cuenta del tipo de persona que era Kilmer. Era un depredador. Pensaba que podía seducir a todas las mujeres que había en el plató. Así, acabó el rodaje contagiado de hepatitis. Horrible. Un auténtico dolor en el culo. Entiendo perfectamente que en aquellos tiempos su matrimonio colapsara”. El carácter de Kilmer, unido a un huracán que arrasó todo el decorado en la isla, hicieron que Richard Stanley se encontrara cada vez más solo. Aun así, todo podía ser peor…Ya comenzado el rodaje, se suicidó Cheyenne, la hija de Marlon Brando. Su padre entró en shock y no apareció en el rodaje. “El suicidio de Cheyenne fue un asunto terrible, realmente horroroso y oscuro. Lo cierto es que todo ese asunto fue espantoso”. Tras este suceso, Richard Stanley solamente tenía el apoyo de los actores que hacían de humanimales. Así, fue fulminantemente despedido. Eso sí, se le pagaría todo su contrato íntegro, con la condición de que abandonase la isla de inmediato. “Perdí la fe en la humanidad. No podía creer que me sacasen de mi propio proyecto. Todo salió mal por culpa de los productores”.

Tras el despido de Richard Stanley, la película fue asumida por John Frankenheimer (El tren, Ronin…). Con él nada mejoró; al contrario. Val Kilmer marcaba todo tipo de imposiciones en el rodaje y hacía la vida imposible al nuevo director y al resto de actores. Marlon Brando, finalmente, llegó al rodaje. Emocionalmente destrozado, imponía, a su antojo, surrealistas cambios en el guion. Dijo que su personaje debía de ir con su rostro pintado de blanco y, como hacía mucho calor, debía llevar una cubitera de hielo en su cabeza. Además, conoció en el rodaje a Nelson de la Rosa, el hombre más pequeño del mundo, de poco más de 40 cm de altura. Este iba a ser un extra que interpretaría al hombre rata. Brando, al conocerlo, impuso que apareciese en todas las escenas en las que salía él. Toda una locura que acabó con un rodaje de más de 6 meses lleno de problemas con un consumo de drogas desmesurado. El resultado final fue que La isla del Dr Moreau está considerada como una de las peores películas de la historia.

¿Y dónde estaba Richard Staley mientras se grababa “su película”? Se quedó en la isla a vivir en una cabaña, escapando de los ojos de los productores. Si estos se enteraban que seguía en la isla, podían no pagarle la millonaria indemnización. Al tiempo, acabó viviendo con los extras, con los humanimales, e incluso llegó a trabajar en la película, siempre totalmente tapado para que no lo descubrieran, vestido de hombre perro. “Con mi despido había perdido la fe en las personas. Yo estaba un poco loco en aquel momento. Destruido. Quedarme allí, en la naturaleza, fue lo mejor que pude hacer. Vivir con los humanimales, aquella experiencia, ahora lo recuerdo como uno de los momentos más felices de mi vida”.

¿Cómo te marcó toda la intensa experiencia en esta película? “Abandono el cine. No quiero saber nada de la industria durante muchos años. Me marché a vivir a los Pirineos franceses, alejado del mundo. Para curarme, como me habían pagado muchísimo dinero por el despido, me fui de voluntario a un santuario de chimpancés en el Congo, también trabajé con elefantes. Allí y en Haití grabé varios documentales para la BBC, incluido un documental sobre Vudú”.

Y de repente…casi 25 años después vuelves al cine, a la dirección, con Color out of space (2019). “Sí, regresé cuando los tentáculos de ese relato me atraparon. En ella trabajé con Nicolas Cage adaptando a H.P. Lovecraft. Me parece increíble que este tremendo autor, que lo devoré gracias a mi madre, siendo de dominio público, donde cualquiera, gratis, puede acercarse a su obra, no tenga más adaptaciones. El año que viene rodaré una nueva película basada de su obra y espero que James Wan Y Guillermo del Toro se animen a ello. Color out of space se rodó en Portugal. Teníamos a Nicolas Cage por un mes y la zona elegida de Estados Unidos estaba totalmente nevada. Entonces, decidimos grabar en el interior de Portugal, curiosamente con dinero chino. Cage es un ídolo en ese país y apuestan por él con la máxima decisión.

¿Cómo es Nicolas Cage en una grabación? “Un caballero. Gracias a él siempre llevábamos un día de antelación sobre la planificación del rodaje. Es tan profesional que cerca del final de la película, cuando su personaje se muere, decidió grabar él mismo las escenas donde reposaba su cuerpo tumbado, sin vida. Se podría haber utilizado un extra, pero él pasó la noche haciéndose el muerto”.

Muchas gracias Richard Stanley, todo un placer. ¿Algo más que añadir? “Solamente decir que aunque vivimos en la época de la cancelación, nunca nadie podrá censurar a Kthuhlu”.

Muchas gracias a Richard Stanley por su amabilidad y simpatía. También al Festival Curtas por tener una programación tan interesante. Por último a Roberto Castro y a Miguel Curveira, por ejercer de traductores simultáneos durante la entrevista.