lunes, 19 de febrero de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 5: La tierra prometida(Bastarden)

La tierra prometida (The Bastard)

El cine danés continúa en plena forma. Posee un puñado de realizadores que llevan décadas destacando tanto en su tierra natal como en el panorama internacional. Sussane Bier, por ejemplo, baila entre casa y producciones estadounidenses. Sus magníficas En un mundo mejor o Hermanos, las combina con películas yankis resultonas, pero no mucho más, como la mini serie The Undoing o la película de Netflix Bird Box, con Sandra Bullock. También en el país nórdico encontramos a Lars Von Trier (Bailar en la oscuridad, Melancolía…) y Thomas Vinterberg (Celebración, Submarino…), creadores en su momento de aquella experiencia que no dio tanto, pero sirvió de mucho, llamada Dogma 95.

Thomas Vinterberg ha grabado dos de las mejores películas europeas de las últimas décadas, La caza y Otra ronda, junto a su actor fetiche, igualmente danés, Mad Mikkelsen. Mikkelsen es uno de esos actores que enganchan, que arrastran al cine a muchos espectadores. Verlo en pantalla ya sube puntos cualquier propuesta en la que se encuentre. Es tan bueno que se sabe mover a la perfección en todo tipo de papeles. Lo hemos visto en Hollywood, de malo malísimo en las sagas de James Bond o Indiana Jones y haciendo de Hannibal Lecter en la serie del mismo nombre. Por cierto, en las tres temporadas de las que consta, realiza una magnífica interpretación de ese terrible asesino, además de caníbal, que popularizó hasta el límite Anthony Hopkins. Quien no tenga serie para ver y no la haya “cazado” con anterioridad, ya sabe.  

De todas formas, a mí me gusta más el amigo Mad cuando interpreta a tipos normales. A uno de esos que se enfrente a los avatares de la vida, a esos problemas que podrían ser los nuestros. Es decir, los más corrientes y complicados. Él, en esos personajes, siempre nos muestra esa mirada única de bondad y melancolía que lo hacen inconfundible. Mad Mikkelsen solo con su presencia, llena la pantalla de nuestros cines o nuestras casas.

Pues bien, él protagoniza esta estupenda película de la que hoy os hablo: La Tierra prometida. Por cierto, el título original es Bastarden (Bastardo) y, sin duda, es mucho más acertado por todo lo que cuenta el film. Joder, además es el título que le han puesto sus creadores…Qué manía tenemos en este país de cambiar los nombres a las películas. Además, en este caso, lleva a confusión. Lo que vamos a ver no presenta elementos bíblicos ni nada parecido y sí la evolución política/moral de un bastardo.

Dirigida por el también danés Nikolaj Arcel (para mí conocido por ser el guionista de las pelis europeas de Millenium), es una gran producción europea que cuenta con un presupuesto de 8 millones de euros que lucen de maravilla.

Estamos en 1755. El capitán Ludvig Khalen (Mikkelsen) llega a la inhóspita Jutlandia con el propósito de cumplir los sueños del rey de su país y conseguir cultivar una tierra árida, casi imposible, abandonada por todos. Él, ya hombre maduro, ha llegado a capitán después de muchos años en el ejército y ahora quiere cumplir su sueño: ser un noble. Llega a un acuerdo con la aristocracia. Si consigue resultados, se le dará un título nobiliario y tendrá criados a su servicio. Así, su sueño es conseguir lo que se le ha negado desde su nacimiento por ser un hijo bastardo, fruto de una de las tantas violaciones que los nobles ejercían sobre sus criadas. De todas formas, aun así, él cree en el sistema. Asume su papel de clase menor. Ha tardado 25 años en llegar en capitán y si hubiese sido noble tardaría apenas seis meses. Así son las reglas, dice él.

Aquí comienza la increíble epopeya de la que vamos a ser testigos. El personaje interpretado por Mad Mikkelsen comenzará a hacer lo imposible para lograr que sus 30 sacos de patatas florezcan en una zona que no le interesa a nadie, o a casi nadie.

El amigo Ludvig bregará y bregará hasta que sus manos sangren de trabajar. Lo hará con apenas nada. Además, se encontrará a un enemigo con el que no contaba. No es otro que el despiadado terrateniente Frederik Schinkel (bueno, él quiere que se le llame De Schinkel, pues parece que así gana caché), único gobernante de la zona que se empeña en decirle que el brezal le pertenece a él y no al rey.

El agricultor, además de capitán, contará con la ayuda de Barbara, antigua criada huida de Schinkel y de una pequeña niña gitana. Esta es acusada por los colonos y por toda la población del lugar de que las mujeres de su cultura traen mala suerte. O se marcha ella o se va el resto. Maravillosas las dos actrices, por cierto. La pequeña transmite dulzura y picardía por todos sus poros.

Enormes las dificultades para el amigo Mikkelsen y, aun así, asistiremos a la construcción de una casi imposible familia, en una época dura y a su vez atractiva. Nos recordará a una película del viejo oeste, donde las tierras son infinitas y el mundo es tan grande que apenas nadie lo conoce. Allí, hombres y mujeres sencillos buscan, como siempre ha sido a lo largo de la historia, un futuro mejor.

En busca de un sueño, junto a ellas, sin esperarlo, Ludvig Khalen encontrará la felicidad. Cuando la pierda, se dará cuenta, por fin, que este era su verdadera suerte y no el hecho de tener riqueza o un título nobiliario.

La tierra prometida (El bastardo) se disfruta en cada uno de sus 127 minutos. En ella recuperamos un cine clásico, de grandes planos e inmensos escenarios acompañados de pequeñas grandes historias. Viéndola, por momentos, me recordaba a la obra maestra de Kevin Costner, Bailando con lobos.

Todo está bien en ella: el guion milimétrico, la premisa, la ambientación, los personajes de Barbara y la pequeña cíngara, el malo malísimo de la historia (en serio que es terrible), la fotografía, la música…Y luego está Mad Mikkelsen. Si la película ya de por sí era de notable alto, este actor perpetuamente en estado de gracia la eleva al sobresaliente. Con su profunda mirada llegaremos a un apoteósico acto final, cerrando esta bella película de luchas, aprendizajes y amores

Id a verla al cine. Vale la pena. La podéis encontrar en nuestra comarca tanto en los Cines Dúplex de Ferrol, como en los Cines Odeón en Narón.

 

 

lunes, 12 de febrero de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 4: Pobres criaturas.

 

Sin duda, los amantes del cine estamos de suerte. En este inicio de año estamos recibiendo en nuestras salas un aluvión de muy buenas películas que nos hacen dichosos y nos alegran un poco la vida.

De la que os hablo hoy, en mi opinión, es la joya de la corona. La mejor película que he visto en los últimos doce meses, el mejor film de su director, Yorgos Lanthimos (Canino, Langosta, EL sacrificio de un ciervo sagrado…) y la mejor de las tres películas que pelearán, dentro de nada, por hincharse a premios Óscar. Competirá por ellos con Oppenheimer de Nolan y con Los asesinos de la luna de Scorsese. Antes de las 11 nominaciones que le han dado a Pobres criaturas, ya se había llevado unos cuantos Globos de oro y el León de oro de Venecia.

Todas las propuestas de este director griego me han resultado interesantes. Aquí, con Pobres criaturas, va más allá. Me agarra en cada una de las aristas de la obra (su estética, su humor, su pasión…) y logra emocionarme con esta (de alguna manera) revisión del Frankenstein de Mary Shelley, o de La novia de Frankenstein de James Whale.

Pobres criaturas (adaptación de la novela de Alasdair Gray, del mismo nombre) nos presenta al personaje de Godwin Baxter, increíblemente interpretado por Willem Dafoe. Él es un excéntrico científico que realiza imposibles experimentos con humanos y animales, al igual que hizo su padre, otra leyenda de la ciencia, con él mismo. La primera parte del film lo inunda un brillante blanco y negro, acompañado de un objetivo de ojo de pez, lo que hace que todo lo que vemos sea más claustrofóbico e incluso un tanto mareante.  Por su mansión se pasean multitud de sus creaciones. Monstruos imposibles: pato con cabeza de cerdo, perro con cabeza de pato…Yorgos nos enseña este mundo en el que viven, ubicándolo en lo que parece ser un alternativo final del siglo XIX. Allí, frente a todos estos extraños especímenes, conocemos a Bella, el gran experimento del científico loco.

Bella tiene el cerebro de un bebé y, según crece, avanza en su psicomotricidad, a la par que va ganando su lenguaje a ritmo de 15 palabras diarias. Los espectadores conoceremos antes que ella su increíble origen y la veremos pasar por las diferentes fases evolutivas del ser humano. Según abandona la infancia y conoce el placer corporal, todo cambiará. Necesitará más. Conocer más allá de la enorme mansión en la que vive con su “padre”. Abandonar, como hacemos todos, a nuestros padres y nuestro nido. Tras esta decisión de Bella ya no habrá vuelta atrás y esta mujer en crecimiento vital se adentrará por el luminoso color de la maravillosa creación de Yorgos Lanthimos.

Bella saldrá de su hogar, al igual que hizo en su momento el amigo Eduardo Manostijeras. Su “creador” fue el (por aquel entonces) genial Tim Burton, que en breves traerá a nuestras salas la segunda parte de Bitelchús (este hecho me provoca 50% curiosidad/ 50% pereza). Recordad, de todas formas, que Eduardo (Johnny Deep) salía hacia el exterior con timidez, con fragilidad…En cambio, Bella, de diez Emma Stone, lo hace con garra, con todo el afán aventurero que la historia ha negado al conjunto de las mujeres. Sabe de los peligros. No importa. El miedo no la frena. Quiere conocer, junto a su amante Duncan Wedderburn (divertidísimo Mark Ruffalo), un exterior que antes se le había negado. A la par, continúa conociendo su cuerpo y así misma (pues de eso trata la película). Irá sin cadenas. Ese hombre, ni ninguna otra persona, podrá frenar sus ansias libertarias.

Viajaremos por la cara b de Paris, de Londres, de Lisboa…Son ellas, pero no lo son. Veremos los ojos de Bella cuando escucha un fado en la eterna capital portuguesa mientras por encima de su cabeza pasa un tranvía volador. Nos reiremos mucho (la cinta posee un salvaje humor negrísimo) por las ocurrencias de esta “creación” que, al igual que su primo Frankenstein, nos hará plantearnos quién es el humano y quién es el monstruo.  

Bella decide sobre su cuerpo, decide sobre su yo. Se encuentra muy por encima de las personas de su época y de la nuestra… Bella no se ata a convenciones sociales, no se ata a lo impuesto, a ninguna de las normas que nos taladran desde la más tierna infancia. Desea aprender, conocer el amor, el sexo, la amistad, el arte …y también lo feo, la crueldad, la maldad, la injusticia…en absoluta libertad.

En definitiva, Bella aspira a ser, a vivir…a pesar de su origen, de lo que se pensaba para ella, de lo que supuestamente debería de ser. Se agarrará hasta el límite a su libre albedrío. No la mutilarán, no dejará que le saquen su pasión, que le impidan disfrutar de los placeres de la vida.

Maduraremos con ella a lo largo de las dos horas y media de metraje, las cuales pasan en un plis plas. Bella avanzará en el conocimiento humano. Aprenderá a empatizar y a entender a las personas que pueblan su mundo, que al igual que en el nuestro, son realmente complicadas. Magistral el momento que le dice a su amigo, el cínico, que por fin lo comprende. Que se ha dado cuenta de que solo es un niño que al crecer sigue enfadado con el mundo que le ha tocado.

Y como en todo buen viaje, Bella regresará a casa. Cambiada, diferente…Será ella y a la vez una nueva persona. Tan madura que hasta ha aprendido a perdonar…

Yorgos Lanthimos junto a un grupo de actores en estado de gracia y a una Emma Stone estratosférica, nos presenta un maravilloso film con mucho fondo, que nunca es aplacado por su increíble forma (por cierto, magnífica la banda sonora de Jerskin Fendrix).

En él sentiremos la necesidad de marcar el camino de nuestro barco y no dejarnos llevar continuamente por la corriente.

Al acabar el visionado, alegres, contentos de existir, pensaremos en esa increíble obra que es Bella, una bebé mujer que quiere ser algo más. Así nos daremos cuenta de que nosotros somos las pobres criaturas a las que remite el título de la película. Ella es un ser libre y nosotros estamos atados a tantas cosas…

 Y sí, los monstruos seguimos siendo nosotros.

Pobres criaturas la podemos encontrar en nuestra comarca en los Cines Dúplex de Ferrol y en los Cines Odeón de Narón.

martes, 6 de febrero de 2024

Radio Libremente

Desde finales del 2019 hasta finales del 2022 participé en la creación de una radio comunitaria en la cárcel de Monterroso de Lugo.


 

Una increíble experiencia junto a las compañeras de la Asociación Aliad Ultreia y la Asociación Melissa. Un lujo y una experiencia inolvidable.

Añado el enlace al podcast que realizamos junto a las personas presas. Quedaron muchos programas por subir y deseo que en algún momento puedan salir a la luz, pero por el momento, aquí va el enlace.

Pulsa aquí y accederás a los programas.

La tumba de las luciérnagas. Ensayo de Akiyuki Nosaka, autor de la novela.

 En este año 2023, los fans del estudio Ghibli nos hemos encontrado una agradable sorpresa. Apareció en el mercado una edición especial del filme La tumba de las luciérnagas. Esta preciosa edición, aparte de la película, material extra, posters y pegatinas y la famosa latita de caramelos del film, nos trae un pequeño librito que desmenuza la producción. En él aparecen dos ensayos de Akiyuki Nosaka, autor de la novela. En ella plasmó su historia personal, siendo él Seita, aunque en la realidad, físicamente, sobrevivió.
Aquí, Miguel Castro, os deja un resumen de uno de ellos acompañado por la música original del film.
El texto es tan tremendo como la película, aviso. 


 

La madre del de Psicosis

 La madre del de Psicosis es un programa radiofónico con temática cinematográfica. Desde el 2018 Miguel Castro, Miguel Don Gato, Alexandre Lamas y Daniel Seoane hablan de cone de manera distendida realizando diferentes especiales y hablando de la actualidad de la cartelera. Ya estamos muy cerca de llegar aprograma número 100 de la Madre.

Emitido en Radio filispim, a radio libre e comunitaria da terra de Trasancos y en formato podcast en Ivoox (dejo aquí abajo el enlace por si queréis escucharlo).

Pincha aquí para acceder al podcast


Esta imagen que veis corresponde a un especial Sam Peckinpah y fue realizada por Daniel Seoane.

 

Diferentes portadas de los programas.







domingo, 4 de febrero de 2024

Mañana será otro día. Capítulo 3: La zona de interés.

 

En el verano del año 2009 realicé un viaje en coche, por el centro de Europa, junto a un grupo de amigos. A mitad de viaje, ya pensando en adentrarnos en la República checa y así conocer esa joya de ciudad llamada Praga, decidimos alterar un tanto nuestra ruta inicial. Desde Alemania cruzamos la frontera con Polonia y nos dirigimos a Oswiecim, población cercana a Cracovia, donde se ubica el terriblemente famoso campo de exterminio de Auschwitz. Veníamos de Dresden y queríamos completar esa importante parte de nuestra historia moderna, que fue la segunda guerra mundial.

Allí pasamos un día entero de aquel viaje de juventud. Durante aquella jornada aprendimos que Auschwitz es en la actualidad un magnífico museo de la historia presente. En él, no os equivoquéis, no nos encontramos cuentos de cómo unos monstruos intentaron aniquilar a judíos, gitanos, discapacitados, comunistas, demócratas, … Allí conocimos como un grupo de seres humanos decidió realizar auténticas barbaridades y parte del mundo miraba hacia otro lado.

En Auschwitz también descubrimos que ese campo, primero de concentración, luego de exterminio era una auténtica empresa del mal, terriblemente eficiente y con toda una maquinaria perfectamente engrasada con la que aniquilar a miles de personas diariamente. En esta enorme estructura (hay que pensar que llegó a albergar más de 100.000 prisioneros y miles de guardias) provocaban, para poder controlarlos, un constante terror entre sus habitantes, enfrentamientos entre ellos y la deshumanización absoluta de los prisioneros. Pasaron a ser números y raparon sus cabezas. El considerar inferior, o directamente no humanos, les facilitaba la matanza que estaban ejerciendo. Este hecho es tan repetido a lo largo de la historia que, hace muy pocas semanas, el ministro de defensa israelí dijo que estaban bombardeando animales, en referencia a la masacre que está ejerciendo el estado de Israel hacia el pueblo palestino.

El último aprendizaje de aquella visita fue que durante ese viaje no íbamos a poder hablar sobre lo visto y sentido. Había sido demasiado fuerte. Aun así recomiendo al cien por cien la visita. No podíamos continuar de turisteo con todo eso en la cabeza, por lo que hasta nuestro regreso, no tratamos el tema.

La zona de interés trata de la banalidad del mal. Los nazis mientras realizaban estos terribles actos los ejecutaban creando una disociación de sus mentes. Por un lado seguían con la misma vida que habían tenido anteriormente, en sus casas, con sus hijos… Por otro, cuando ejercían la maldad absoluta la vivían como un trabajo. Luego, los que rodeaban a los asesinos directos (mírese la esposa del comandante Höss en la película), miraban hacia otro lado. Se desprendían de toda ética y pensaban solamente en su cada vez más abundante riqueza.

Jonathan Glazer (Unther the skin, Birth) nos presenta en su nuevo largometraje al comandante de Auschwitz Rudolf Höss y su esposa Hedwig, los cuales han construido una vida llena de lujos en una casa pegada al campo de exterminio. La película es una adaptación de la novela de Martin Amis y nos cuenta la cotidianidad de la vida de esta familia y sus hijos, adentrados ya en La solución final adoptada por el régimen nazi.

La premisa de la película es realmente buena. El cine no ha tratado demasiado la banalidad del mal. Quizás, el argentino en películas que hablan sobre su terrible dictadura militar y los años posteriores a esta.

Durante el filme vemos a la adinerada familia, su día a día y de fondo escuchamos continuamente la barbarie. A destacar el gran trabajo de sonido que, durante todo el metraje, nos mezcla lo que parece una industria, con disparos y gritos que se producen dentro del campo de exterminio.

Durante el metraje nos iremos de paseo con la familia por el lago cercano mientras escuchamos los gritos de los recluidos o intuimos extraños movimientos de soldado. También seremos testigos de todo tipo de convenciones sociales mientras el mal roza sus caras y las nuestras. La mujer del comandante Höss (por cierto, excelente el trabajo de Sandra Hüller) le dice a su madre que está deseando que crezcan las hiedras del muro que separa su casa del campo. Menudo coñazo eso de estar viendo día sí, día también, las chimeneas de los crematorios trabajando sin parar. Al comandante lo encontraremos en reuniones de “trabajo” que tiene con altos cargos militares o importantes empresarios, poniendo así en práctica el exterminio milimétricamente diseñado. En ellas se habla de cargas, de unidades... No son muertos, no son personas. Así, de nuevo, todo más fácil.

La zona de interés es una película bien rodada, bien interpretada, con buenos propósitos, por momento impactante. De todas formas, a mí me gusta más la premisa que la ejecución del filme. El cine de Jonathan Glazer me resulta gélido, no me llega adentro. ¡Qué le voy a hacer! Interesándome lo que cuenta, me chirría cuando subraya demasiado el esperpento que estamos viendo (quédense con la llamada telefónica sobre el arbusto de lilas o el comentario del comandante Höss a su mujer tras acudir a una fiesta, en relación a las cámaras de gas). No quiero quitar mérito a las intenciones que alberga el filme y al buen hacer del director. Creo, aun así, que nos estamos pasando con eso de estar diciendo continuamente “una nueva obra maestra”. Obras maestras hay un puñado, no salen diez cada año.

Para finalizar, decir que ojalá dejemos de ser tibios en señalar las atrocidades que se realizan hoy en día y, así, que no se encuentren nuestros descendientes, dentro de 80 años, una película sobre las barbaridades del hoy y cómo nosotros mirábamos hacia otro lado.

Podéis encontrar La zona de interés en los Cines Dúplex, en Ferrol.

Por cierto, en mi visita a Auschwitz viví algo que por poco me hace vomitar. Tras salir impactados de la cámara de gas, un grupo de unas veinte personas, nos dirigimos a los barracones donde vivían los prisioneros. La guía nos explicó sus penurias, las acciones del Kapo de cada barracón y también que resultaba casi imposible salir vivo de allí. Muy pocos lo consiguieron. Yo me encontraba muy afectado y realmente afligido. Mis entrañas casi salen de mi estómago cuando una pareja se sentó en una de las camas del barracón y se hizo un selfie mientras se daban un sonriente morreo. ¿Dónde guardarán esa foto? ¿Junto a la torre Eiffel? ¿Junto a la del Machu Picchu?

Qué decir…Seguimos en las mismas…A tragar saliva…